ESTE BLOG ES VUESTRO

Este BLOG os pertenece, es vuestra puerta al mundo de la escritura, es decir al mundo de la vida. Podéis abrir la puerta con suavidad, sin apenas meter ruido. O podéis abrirla de forma escandalosa, llamando la atención de todos. Podéis entornarla un poco, o podéis abrirla de par en par. Cada uno tiene que encontrar su propia forma de llamar a esa puerta, de abrirla, de hablar con los que están dentro o con los que quedan fuera. Parece fácil, pero ese aprendizaje puede llevar toda la vida.
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viernes, 4 de marzo de 2011

"LA SOMBRA DE MARCOS SE ABURRÍA": DOS RELATOS DE LUIS MIGUEL SOTILLO Y MIGUEL GARRIDO CARPIO, DE 1º A ESO

LUIS MIGUEL SOTILLO, de 1º A de ESO, ya ha aparecido en este Blog y nos encanta darle la bienvenida de nuevo. Nos trae en esta ocasión un breve relato protagonizado por un niño, Marcos,  y su sombra. Uno la única historia que recuerda de una sombra es la famosa y apasionante novela del alemán von  Chamisso titulada  "La extraña historia de Peter Schlemihl", en que el personaje del mismo nombre vende su alma al diablo. Esta historia que presentamos hoy es mucho más corta y más alegre, lo que agradecemos a su autor.

MIGUEL GARRIDO CARPIO, también de 1º A ESO, nos trae también a Marcos y a su sombra. No hay coincidencia ni plagio con respecto a la historia anterior, simplemente el profesor Juan Acebes propuso a sus alumnos que continuasen un cuento que empezaba así: "La sombra de Marcos se aburría.". Estos dos relatos son los seleccionados en la clase, sin desmerecer a otros que seguro que reunían méritos.





 "LA SOMBRA DE MARCOS", por LUIS MIGUEL SOTILLO, de 1º A ESO

La sombra de Marcos se aburría. No quería seguir pegada a su dueño, así que, un día de verano, rompió todos los lazos que le unían a él y salió a explorar el mundo que le rodeaba, más allá de la vida del niño de cinco años que era su dueño.
Marcos no echó en falta a su sombra, pues era algo efímero y sin importancia. La sombra caminaba solitaria por las calles mirando las cosas que le llamaban la atención y observaba con pena a las demás que estaban encadenadas a sus dueños y destinadas a compartir toda su vida con sus dueños. Todas las sombras la miraban con envidia y tristeza, dándose cuenta de que ellas jamás serían libres, pues ella era la única que había logrado la libertad. La sombra analizaba cuidadosamente la ciudad, pues era un lugar totalmente nuevo para ella, le parecía un lugar enorme y bastante raro, veía a  toda esa gente que tenía tantas preocupaciones, ya que ella jamás tendría preocupación alguna, en la larga vida. Observaba la prisa con que se movía la gente, pues ella no tendría que preocuparse del tiempo, porque tenía todo el tiempo del mundo para observar y analizar la vida que había a su alrededor.
Pasaron tres años y la sombra descubría cada vez más la cara oculta de la vida, y se daba cuenta de que no toda su vida iba a ser como ella pensaba; estaba condenada a la eternidad, una eternidad viendo cómo se iba apagando la vida de su alrededor y la gente que había conocido y querido iba desapareciendo ante sus ojos. La sombra empezó a notar un gran vacío en su interior. Todas las noches se preguntaba sobre el estado de su antiguo dueño. Echaba de menos la vida de su dueño, ver el mundo a través de un niño que ya tendría ocho años, que no tenía preocupación alguna y que no conocía ni la cuarta parte de la vida real.
La sombra buscó desesperadamente a su dueño, deseando volver a atarse a él y no soltarse jamás, pues había descubierto que el mundo era un lugar frío y despiadado.
La sombra encontró al fin a su dueño, intentó llorar de la alegría, pero no había vida en su cuerpo. Se unió a su dueño y no se soltó de él hasta años después, cuando su dueño fue enterrado y ella con él.




"LA SOMBRA DE MARCOS", por MIGUEL GARRIDO CARPIO, de 1º A ESO

La sombra de Marcos se aburría. No quería seguir pegada a su dueño, así que un día en el que Marcos se estaba echando una siesta, su sombra se fue.
 Cuando se despertó y se dio cuenta de que su sombra no estaba, se puso a buscar por todos lados: su habitación, el comedor, la cocina, etc. Pero no estaba, se había ido de la casa.
Estuvo buscando una semana entera por toda Fuenlabrada, preguntó al señor Márquez, a sus amigos, a todas las personas de los sitios donde creía que se podía haber ido. Desde entonces no estuvo feliz, y cada vez que llegaba a casa, su mujer le decía:
-Descansa, que seguro que mañana está otra vez contigo.
Pero al día siguiente seguía sin estar con Marcos. Buscaron en Leganés, en Móstoles, en Vallecas, pero nadie la había visto, y cada día que pasaba Marcos se desesperaba más y tenía menos esperanza de encontrarla.
Un mes después, un señor, por la mañana, le llamó desde Villaviciosa de Odón y le dijo que había visto una sombra. Se dirigieron hacia allí sin perder el tiempo, fueron donde el señor les indicó. La buscaron por los alrededores, pero cuando ya era de noche y se iban a ir, la encontraron detrás de un cubo de basura, temblaba y tenía miedo. Marcos le dijo:
-Te he echado mucho de menos, ¿por qué te fuiste? Hemos estado muy preocupados por ti.
- Me aburría contigo –dijo la sombra-, pero a la semana de irme comprendí que no debería haberme ido. Tenía frío, miedo y no tenía un lugar donde descansar.
Así que Marcos, ya con su sombra, y su mujer, se fueron a casa muy cansados, pero alegres.

viernes, 11 de febrero de 2011

"EL TIEMPO PERDIDO", UN RELATO DE CRISTINA ZAZO, DE 3º B ESO

CRISTINA ZAZO  se nos  descubrió como escritora casi desde que este Blog empezó a dar sus primeros pasos y desde entonces ha seguido visitándonos a menudo con sus relatos protagoniizados por jóvenes que tienen el coraje y la determinación de ser lo que quieren ser, pese a las dificultades que se les prentan en el camino. En esta historia, Carolina despierta de su dramática pesadilla y recobra la ilusión de vivir y de bailar, y con ella el tiempo perdido.



  "EL TIEMPO PERDIDO",  por CRISTINA ZAZO

Era ya bien entrada la noche. Carolina sufría, tendida en su cama, otra de esas horribles pesadillas que la hacían gritar, provocaban que frías perlas de sudor brotaran de su frente y hacían que diera tales sacudidas en el colchón que su padre se veía cada noche obligado a despertar a la muchacha de sus horribles sueños.

Habían pasado ya cuatro largos años. Ella era una niña entonces, de tan solo diez años de edad, que pasaba la noche con su madre en su casa en un pueblecillo a las afueras de Toledo. Su padre estaba, como de costumbre, en uno de esos viajes de negocios. Era una niña alegre, la gustaba cantar, tenía sus amigos, una niña perfectamente normal. Pero si algo la gustaba era bailar. Muchas veces su madre, Anna, lo calificaba como una obsesión. Aquella noche Carolina estaba en el sofá, sentada con su madre, cuando de repente sonó un ruido en el exterior. ¿O tal vez en el interior? Anna se levantó y fue a mirar quién o qué era, seguida por Carolina.

Pero lo que vieron las dejó completamente aterradas. La puerta estaba abierta de par en par, y varios hombres con la cara minuciosamente cubierta se encontraba en la entrada. Contemplaban a madre e hija, sus ojos saltaban alternativamente de la una a la otra, y el miedo de ambas parecía divertir bastante a los extraños. Amenazando a las dos con matarlas si chillaban, las ataron y amordazaron y comenzaron a romper cosas. No contentos con aterrorizar y humillar a ambas, uno de ellos agarro a Anna y la sacó a rastras de la habitación en que las tenían. Carolina oía los gritos de su madre con impotencia, con los ojos fuertemente cerrados y los puños apretados en su espalda. Los gritos de su madre cesaron y los desconocidos se fueron, dejando a Carolina sola y atada, y llevándose a Anna con ellos.

Todos dieron a Anna por muerta, pero su hija tenía algo en su interior que se negaba a creerlo. Aún así, Carolina dejó de bailar, le faltaban las ganas y las fuerzas que le daba su madre cada día. Ella vio un tatuaje en el brazo de uno de ellos, concretamente el que agarró a su madre. El tatuaje era una imagen tan cruel que le fue imposible olvidarla. En la imagen se veía a un hombre agarrando a una mujer del pelo, mientras de los ojos de ella brotaban lágrimas de sangre. Temía que su madre fuera deshonrada de aquella manera.

El mismo día en el que la joven cumplió catorce años se hizo una promesa a sí misma: No llegaría a cumplir los quince sin una noticia más de su madre. Fue al armario donde permanecía la ropa intacta de la mujer, que aún conservaba su olor. Cogió una camiseta ancha que Anna solía usar como pijama y se la puso con cuidado, recordando en cada movimiento que hacía con la camiseta puesta a su madre. Y una lágrima brotó de sus ojos, haciendo un camino brillante a su paso por la cara del color de la arena, rozando suavemente sus pómulos fríos e impregnándose en uno de sus mechones dorados. Se recostó pensando en ella en su cama, o más bien, pensando como ella, y se quedó dormida aferrada a la prenda que tantos recuerdos le traía.

Abrió los ojos en un sitio oscuro, tumbada en un viejo colchón. Olía a humedad, y por ningún sitio entraba la luz. El ruido de unos pasos aproximandose alarmó a Carolina, que se incorporó rapidamente cubriendose el cuerpo con una camiseta, que no era con la que se había dormido. Un hombre abrió la puerta y encendió la luz, y Carolina reconoció en su enorme brazo el tatuaje que había visto cuatro años atrás. Habló con una voz seca y ronca, obligándola a ponerse en pie. Según decía, tenía que subir a hacer las tareas de la casa, pero sin salir a la calle ni tocar el teléfono, que ya conocía las reglas y los castigos. La muchacha no entendía nada, pero siguió al hombre en silencio. Quiso preguntarle donde estaba, pero no salían sonidos de su boca. Por lo contrario, preguntó por donde debía empezar. Pero ni ella había pensado hacer esa pregunta, ni esa era su voz. Por el contrario la voz que daba vida a sus palabras era la de su madre. Su cuerpo no la obedecía. Era como si viera una película en tres dimensiones y las pantallas fueran los ojos de otra persona.

Fue al baño para empezar a limpiar y reconoció en el reflejo a Anna, un tanto desmejorada físicamente. Estaba delgada y pálida, y tenía unas enormes ojeras que le surcaban el rostro. Cuando la mujer terminó le pidió a aquel horrible hombre que la dejara mirar por la ventana, que llevaba semanas sin ver la luz del sol. Él asintió y ella se aproximó a los ventanales de la enorme casa. En la pared de enfrente se leía en un letrero: "La Arboleda". Entonces la voz del hombre sonó, tan ronca como antes, obligando a Anna a volver al trabajo. Carolina se despertó sobresaltada en su cama, y con el recuerdo de su sueño se levantó y encendió el ordenador. Comenzó a buscar información sobre un barrio que se llamara "La Arboleda", pues algo en ese sueño le resultaba muy real.

Encontró el barrio, que resultó estar en el este de Madrid, por lo que le pidió a su padre que fueran allí inmediatamente. Su padre, alarmado por si su hija había perdido completamente la cabeza, cogió algunas cosas y las metió en el coche con rumbo a quel lugar, siguiendo la dirección que su hija le había proporcionado. Carolina se llevó la camiseta de su madre puesta con unos pantalones vaqueros algo viejos. Después de un largo viaje, su padre paró el coche y anunció que ya habían llegado. Bajó del coche con su hija, que salió disparada hacia una casa enorme. Después de llamar repetidas veces a la puerta sin obtener respuesta alguna, se volvió cabizbaja hacia su padre para encontrar algún consuelo. Todas sus esperanzas habían sido nulas. Cuando otra de sus lágrimas se abría paso en sus brillantes ojos, lo vio. Vio a aquel hombre venir a lo lejos de la calle con su enorme cuerpo y su amenazante mirada clavada en ella y en su padre. Carolina, al verle, se apresuró a llamar más y más fuerte a la puerta, aporreandola de manera exagerada.

La puerta se abrió poco a poco y detrás de ella apareció el rostro asustado de una mujer pálida y muy delgada de mirada triste. Los ojos de la mujer brillaron, al igual que los de la joven y también los del hombre que las acompañaba. Anna, abriendo la puerta del todo, se abalanzó contra su hija con fuerza. La abrazaba reteniendola contra ella de una forma que no las pudieran separar. Lloraban, esperando que no fuera un sueño como tantas otras veces. El hombre se unió al abrazo, mirando emocionado a su esposa. Aun estando despeinada, pálida como el mármol y prácticamente en los huesos, era una mujer hermosa. Salieron corriendo los tres al coche, alcanzando a cerrar las puertas al tiempo justo para que el hombre que había presenciado el reencuentro no les alcanzara. Y por suerte no lo volvieron a ver, puesto que cambiaron de casa.

Carolina volvió a bailar como nunca, ganaba cada concurso al que se presentaba, siendo siempre animada desde la primera fila de las gradas por su madre. Cuando sus contrincantes la veían, con tan solo contemplar un momento sus gráciles movimientos al andar, ya sabían que había pocas posibilidades de ganarla. La muchacha comprendió lo fuerte que era el vínculo que la unía con su madre. Y su familia consiguió, por fin, recuperar el tiempo perdido.

miércoles, 26 de enero de 2011

CUENTA ATRÁS: CUARTA PARTE DEL RELATO DE MARTA HERNÁNDEZ HIDALGO, DE 4º A ESO

Si no hay dos sin tres, no hay tres sin cuatro... El boli de MARTA HERNÁNDEZ HIDALGO ha trabajado todavía más ágilmente de lo que acostumbra y antes de que empezáramos a impacientarnos y a reclamarle insistentemente la cuarta parte de su historia, aquí nos la entrega fresca y trepidante. Con Brenda, Lucie y George recorremos febrilmente los túneles para escapar de la cuenta atrás mortal que nos amenaza. Lo has vuelto a conseguir, Marta, y van ya cuatro.



CUENTA ATRÁS, por MARTA HERNÁNDEZ HIDALGO

-Brenda… ¿qué ha pasado? -dijo Lucie entre sollozos.
No contesté, estaba demasiado concentrada en forzar la cerradura con una horquilla del pelo. George daba vueltas por la habitación, colocándose su gorro cada dos por tres. El sonido de sus pasos nerviosos vagaba por toda la habitación, haciendo la situación más desesperante de lo que ya era. Con la punta de la horquilla, encontré el punto exacto donde tenía que empujar para forzar la cerradura.
-Vamos, vamos…
Lucie se levantó y se colocó detrás de mí, observando como intentaba forzar la cerradura. Empujé un poco la horquilla. Podía notar como la cerradura estaba comenzando a ceder lentamente. Sólo le quedaba un último empujón cuando la horquilla se rompió, dejando la cerradura más inaccesible todavía.
-Oh, mierda… -murmuré.
Los nervios estaban comenzando a apoderarse de mí. Sólo llevaba cinco minutos escasos encerrada en aquella habitación y ya estaba empezando a pensar en modos descabellados de escaparme de allí. Mi mano, inconscientemente, se dirigió al bolsillo interior de mi abrigo. Tal vez si…
-Brenda, escucha…
Lucie colocó una de sus manos en mi hombro, como si supiese que se me acababa de ocurrir una locura. Pero, a pesar de que era una locura, no había otra manera de evitar que la bomba que había puesto Brian fuese la que acabase conmigo. Cogí la pistola y, con manos temblorosas, quité el seguro. George se abalanzó sobre mí, alarmado por el sonido del arma. Lucie, tapándose la boca, gritó:
-¡Brenda!
-Apartaos -dije.
-No voy a dejar que cometas ninguna locura -dijo George.
-¡Que te apartes! -grité, apuntándole con el arma.
George levantó las manos y, cautelosamente, se apartó. Le hizo un gesto a Lucie para que se colocase detrás de él. Me di la vuelta y, lentamente, posé el dedo sobre el gatillo. Apunté… Disparé. El ruido que produjo el arma envolvió la habitación, cubriendo por completo el grito de Lucie. Comprobé que, efectivamente, había conseguido abrir la puerta reventando la cerradura.
-Vamos -les apremié.
Ellos se miraron con una mezcla de felicidad y confusión, cómo si un milagro acabase de ocurrir en aquella habitación. Acto seguido, se abrazaron, llorando de felicidad. Eran más empalagosos…
-¡Venga! ¡Tenéis una bomba detrás de vosotros! -les dije.
Comencé a correr por los túneles del tren, buscando desesperadamente nuestra salvación. Detrás de mí, podía oír la entrecortada respiración de mi hermana acompañada de la de George, que era mucho más fuerte. Sentía la fatiga sobre mi cuerpo, notaba como poco a poco la velocidad de mis pasos se iba reduciendo, pero no podía permitirme parar ya que quedaba poco para que la bomba explotase.
-¡LUZ! -gritó Lucie, emocionada.
Dicho esto, gracias al pequeño despiste que tuvo al ver la luz, tropezó y cayó sobre las vías. Paré bruscamente y, al mirar, vi su brazo derecho ensangrentado. Se apoyó con el brazo bueno en George para levantarse, pero una de sus piernas también había sufrido daño y volvió a caer al suelo.
-¿Puedes llevarla en brazos? -le dije a George.
Éste asintió, cogiéndola como si de su noche de bodas se tratase. Lucie apoyó su brazo herido en la tripa, manchándose toda la ropa de sangre.
-No te preocupes -dije, acariciándola-. Ya queda poco, muy poco…
Ella asintió, derramando algunas lágrimas. Continuamos, a menor ritmo, por el túnel. En un par de minutos, nos encontrábamos en el andén de la estación. Miré mi reloj, a penas quedaban cinco minutos para la explosión. Nos apresuramos subiendo las escaleras de la estación. Al llegar a la salida y levantar la vista al cielo, vi millones de fuegos artificiales inundar el cielo. La gente disfrutaba de la fiesta, bailando y cantando como locos.
-¡Eh! ¡Vosotros!
Me giré rápidamente y, tirado en el suelo, vi al chaval de la banda de Brian, al jovencito. Me agaché y, violentamente, apoyé el cañón de la pistola en su sien. Nadie en la plaza lo advirtió, ya que estaban demasiado entretenidos en emborracharse y continuar con la fiesta.
-¡No dispares! Estamos en el mismo barco, lo juro -sollozó.
Lentamente, cogió su navaja azul y me la dio. Acto seguido, se tapó los ojos y lloró, pronunciando palabras de las que no llegué a comprender mayoría.
-Yo… ellos abandona… abandonaron… ¡Ah! Me lla… llamo Andrés… ayuda…
Miré de nuevo mi reloj y me di cuenta de que debíamos apartarnos de la entrada de la estación inmediatamente. Cogí la navaja del chaval y la guardé junto a mi pistola. Le ayudé a levantarse y, rápidamente, con George y mi hermana detrás de nosotros, nos apartamos de la estación. Cuando nos encontrábamos a diez metros escasos de la entrada, la bomba estalló.
La gente, horrorizada, cambió sus gritos de alegría por los de miedo y comenzó a correr hacia las salidas de la plaza, para ponerse a salvo. El fuego que había en la estación, estaba comenzando a expandirse. Había mucha gente herida y algunos ya habían sucumbido a las llamas. Andrés me agarró con fuerza y me señaló una de las salidas de la plaza.
Al llegar allí, un chico corrió hacia nosotros.
-Es mi hermano Héctor -nos explicó Andrés.
-¿Necesitáis ayuda? -nos preguntó.
-Un hospital -contestó George torpemente.
Héctor miró a mi hermana horrorizado y nos hizo señas para que le siguiésemos. Nos condujo hacia una gran furgoneta morada y dijo:
-Os llevaré a un hospital.
George entró en la furgoneta sin soltar a Lucie, la cual gemía a causa del dolor. Andrés entró tras ellos. Yo me acerqué a Héctor y dije:
-Gracias.
Éste me sonrió y me indicó que me sentase a su lado. A pesar de que acabábamos de huir de una pesadilla, tenía la sensación de que acabábamos de meternos en otra aún peor. Y en esta nueva pesadilla… me sentía muy sola.

viernes, 14 de enero de 2011

LA HABITACIÓN BLANCA: TERCERA PARTE DEL RELATO DE MARTA HERNÁNDEZ HIDALGO, DE 4º A ESO

Siempre ocurre lo mismo con lo que uno aguarda ansiosamente: cuando al fin  llega, se alcanza la felicidad de tenerlo, pero se termina la ilusión de esperarlo. Eso nos pasa con la tercera parte del relato de MARTA HERNÁNDEZ HIDALGO, aunque colma las expectativas que la autora había despertado. Pero afortunadamente el relato todavía no ha concluido, así que de nuevo esperamos con ilusión  renovada una cuarta parte.


LA HABITACIÓN BLANCA, por MARTA HERNÁNDEZ HIDALGO

-Ah… -mascullé.
La potente luz blanca me cegaba y me obligaba a cerrar los ojos. En los segundos que duró mi ceguera, me centré en escuchar. No se oía absolutamente nada, ni siquiera el ruido del vuelo de una mosca. Aun así, percibí instantáneamente el fuerte olor a tabaco mezclado con el de la menta.
-Brian… -predije.
Abrí los ojos y lo que viI me horrorizó. Nos encontrábamos en la entrada de una pequeña habitación, iluminada con varios fluorescentes. El suelo estaba formado por varias baldosas blancas que estaban sucias y rotas. Las paredes, en alguna parte del pasado blancas, presentaban una gran suciedad. Al fondo de la habitación había una mesa con mucha maquinaria y un gran sillón negro. En el centro de la habitación, como una vulgar muñeca, yacía inmóvil Lucie.
-Lucie… -dije sin aliento.
Al fin, después de más de media hora buscando por túneles mal iluminados, la encontré. Sentía euforia por haberla encontrado, pero ésta fue cubierta por otros sentimientos como el miedo o el odio. Miedo de que le hubiese pasado algo a Lucie, de que ya fuera demasiado tarde. Odio hacia mí misma por no haber podido llegar antes y quizá haberla encontrado consciente… viva.
-¡Lucie! -gritó George.
En un acto reflejo, me interpuse entre mi hermana y George. El porqué, no lo sé, solo recuerdo que en ese momento yo respiraba agitadamente y que por las mejillas de George corrían algunas lágrimas, brillantes y cristalinas. George, aquél maldito descerebrado, el típico graciosillo que la mayor parte de personas odian, el tipo duro que nunca lloraba ni se daba por vencido… se había derrumbado totalmente delante de mí. Yo permanecí impasible, con los brazos levantados en señal de prohibición.
-Vaya, vaya -dijo una potente voz detrás de George-. Sigues siendo una desalmada por lo que veo.
La ira comenzó a correr por mis venas bruscamente, sin que yo quisiera.
-¡Brian! -grité.
Cuando quise darme cuenta, había avanzado hasta Brian y había adquirido una posición de ataque. Mi puño derecho, fuertemente apretado, avanzó rápidamente hacia el estómago de aquel hombre que se encontraba detrás de George. Él, habilidosamente, lo paró con su mano.
-Vaya, aún recuerdas mi nombre… creí que te habrías olvidado de mí -dijo el hombre, con una media sonrisa en sus labios-. Olvidar lo que nos interesa olvidar es conveniente, ¿me equivoco?
Su áspera mano apresó fuertemente mi muñeca, haciéndome daño. Forcejeé inútilmente, ya que él era más fuerte que yo.
-¿Qué hacéis aquí en Nochevieja? -preguntó divertido-. ¿Una fiesta? Porque me gustan las fiestas.
Brian me empujó y yo caí al suelo, justo al lado de Lucie. Él rió escandalosamente a la vez que daba dos pasos hacia delante. Detrás de él, aparecieron cuatro hombres de distintas edades. Al más joven de ellos le calculaba unos quince años. Tenía la cabeza gacha y llevaba una navaja, de mango y funda azules, en sus manos. A mi izquierda, George cerraba los puños con rabia. Antes de que hiciese alguna tontería, agarré una de sus manos y me levanté, obligándole a ponerse detrás de mí.
-Brenda, Brenda, Brenda… -dijo Brian-. Me encantaría quedarme a charlar contigo, ya sabes, contar viejas anécdotas y batallitas, pero tengo poco tiempo así que… me limitaré a explicarte lo que pasará esta noche…
-¿Esta noche? -dijo George.
-Si -le contestó Brian.
George, preocupado, se agachó y agarró delicadamente la mano de Lucie. Brian le miró con desprecio, con un gesto de asco en los labios.
-Amor, ¿eh? -dijo-. No sirve para nada, sólo para herir.
Un rastro de nostalgia, que fue rápidamente disimulado, apareció en su cara. El chaval, de pie en una esquina de la habitación, levantó la cabeza y miró a George, el cual mecía cariñosamente a Lucie, arropándola con sus grandes brazos. Sus tormentosos ojos grises parecían enturbiarse por momentos al contemplar a la pareja.
-A lo que iba -dijo Brian, recuperando su sonrisa-. Esta noche es tu fin, Brenda Morrison.
-No pienso dejarme ganar por alguien como tú -dije, poniéndome a la defensiva.
Brian rió con socarronería.
-¿Piensas en pelear contra mí? -dijo-. Siento decirte que yo no pegaría jamás a una chica y eso… me pone en desventaja. Tengo un plan mejor.
El chaval, empujado por los otros tres hombres, salió de la habitación. Parecía que habían ensayado el momento. Brian sacó un mando a distancia de su bolsillo y presionó el único botón que había en él. Dio unos pasos hacia atrás, hasta colocarse en la puerta.
-La bomba que hay detrás de ti estallará dentro de treinta minutos dejándote fuera de combate -dijo-. A ti y a toda la gente que hay en la ciudad celebrando como locos la Nochevieja. Felices sueños.
Dicho esto, salió rápidamente y cerró la puerta con llave. Corrí hacia la puerta y la golpeé varias veces con todas mis fuerzas, en un intento desesperado de abrirla.
-¡Brian! ¡Brian! ¡Abre la puerta, por favor! -grité-. ¡BRIAN!
-¿D… dónde estoy? ¿Quién es Brian?
A mi espalda, Lucie se había incorporado y miraba asustada a todas partes, sin abandonar el regazo de George. Mientras tanto, los grandes números del reloj de la bomba descendían rápidamente.

lunes, 10 de enero de 2011

UNA HISTORIA MEDIEVAL: UN RELATO DE CRISTINA ZAZO MUÑOZ, de 3º B ESO

Un trabajo escolar, al hilo del estudio de la Literatura en la Edad Media, le sirve a CRISTINA ZAZO MUÑOZ,  escritora bien conocida por los lectores de este blog, de 3º B ESO,  para contarnos una historia ficticia pero verosímil. La autora nos abre una ventana narrativa por la que podemos asomarnos a una estampa intimista, pero llena de dramatismo, de la vida en un monasterio medieval. El despertar al amor de Amara nos insinúa  un futuro más esperanzador...pero esa ya es otra historia.



HISTORIA DE AMARA , por CRISTINA ZAZO MUÑOZ

Era de madrugada. Sor Agalia se dispuso a ir a la pequeña iglesia del monasterio a rezar como cada día que se desvelaba, pero la monja frenó en seco en mitad del pasillo. En un rincón, en la penumbra, un bulto inerte sobresalía de las sombras. Sor Agalia dudó. ¿Debería acercarse? No lo creía conveniente. Aún así, oyó un suspiro y vio algo moverse, por lo que no pensó lo que hacía: se aproximó e iluminó con la vela para poder ver mejor. La monja quedó aterrorizada. El cuerpo de una joven yacía en el suelo, cubierto de sangre. No podía comprobar si seguía viva.

De todos modos no le hizo falta. No estaba muerta: respiraba dificultosamente, oía su lenta y apurada respiración, y vio, en las manos de la joven muchacha, una pequeña silueta. La joven abrió la boca intentando hablar. Sor Agalia le oía, entre sus susurros y su espesa respiración, rogarle. Le pedía por favor que cuidara de lo que quiera que fuese aquello. La monja, asustada, se preguntaba qué era lo que a la muchacha la importaba tanto.

De repente, el bulto de sus manos se movió. Sor Agalia lo cogió y al descubrirlo se dio cuenta: era un pequeño bebé, recien nacido, cubierto de sangre y todavia con el cordón umbilical unido al de su madre. Entonces comprendió. En aquel momento, la muchacha expiró su último aliento, con una palabra casi inaudible: "Amara".

La monja se compadeció de ella. Debía de haber sido un parto duro y terrible, no se explicaba cómo lo había pasado entero sola, así que le cerró piadosamente los ojos a la chica. Después hizo que se diera una misa en su memoria, aún sin saber su nombre, y acogió a la pequeña Amara en el convento, para cuidarla.

Cuando Amara hubo cumplido los dieciséis años, era una muchacha bella, la viva imagen de su madre. Sor Agalia no la había criado para ser monja, siempre había sido una muchacha alegre y risueña, como un pajarillo. Así que por primera vez, la dejó salir del convento, para ir al mercadillo anual que se celebraba en la villa. Amara lo miraba todo con interés. Un muchacho captó su atencion, y en ese momento entendió por qué sor Agalia no quería que fuera una monja. El muchacho la miró, se acercó y... eso ya es otra historia. 

lunes, 27 de diciembre de 2010

ALICIA SÁNCHEZ OLIVARES, DE 1º C ESO, NOS LLEVA AL VALLE DE LAS SOMBRAS

Siempre que aparece un nuevo escritor en nuestro blog nos gustaría echar las campanas al vuelo y regar de confeti los pasillos del instituto y hasta los patios, pero ahora en plena temporada navideña ganas nos dan  también de ponernos a cantar villancicos y a tocar la zambomba. Sí, somos bastante exagerados, pero eso sentimos cuando ALICIA SÁNCHEZ OLIVARES, de 1º C ESO, nos envió por correo electrónico  -en una presentación muy cuidada, con bellas imágenes- este relato lleno de fantasía, en el que sueño y realidad se confunden, en el que la ficción de lo escrito devora al escritor que lo escribe, o al revés. Ganas dan también de visitar ese Valle de las Sombras rescatado del mal por Lorenzo,  el valiente escritor,  y alquilar allí una pequeña casa rural para pasar las vacaciones de Navidad. Con su relato ALICIA SÁNCHEZ OLIVARES ha conseguido que nos lo estemos pensando, y eso tiene mérito.


EL VALLE DE LAS SOMBRAS, por ALICIA SÁNCHEZ OLIVARES

¿Alguna vez habéis soñado con salvar a una pequeña aldea?
 ¿O a una ciudad entera?
 Pues esta historia es muy parecida a las preguntas que os acabo de hacer?
 Lorenzo era un famosísimo escritor. Le gustaba leer y hacer fotos por todas las ciudades donde iba.
Una noche, muy cansado, se tumbó en la cama y se durmió.
 Había regresado de las Vegas, un lugar muy bonito, en su opinión.
 Durante la noche, creyó oír una voz. Se levantó de un salto, al no oír nada se volvió a la cama.
 Ya dormido, tuvo un sueño muy raro.
 En el sueño se veía una luz muy pálida, y se iba acercando una persona a Lorenzo.
 La persona desconocida, se acercó y le transmitió un mensaje, que era el siguiente:
 "Lorenzo, toi seul peut nous sauver, nous courons un risque sérieux."
 Ahora sí que se levantó muy asustado.
No sabía que pasaba, pero pensó que era una pesadilla sin importancia.
Como se acordaba del mensaje, que era en francés, lo tradujo, y significaba:
" Lorenzo, tú eres el único que puedes salvarnos, corremos un grave riesgo."
 No sabía qué hacer, parecía tan real.
 Decidió olvidarse del tema, porque los sueños, sueños son.
 Se fue al trabajo, donde perfectamente se olvidaría de ese maldito sueño.
 Pasaron dos semanas, y ya no se acordaba del sueño. Todas estas noches había dormido de maravilla.
 Esa noche, el 6 de diciembre, estaba en una fiesta celebrando el éxito de su último libro.
 Todo fue estupendo y Lorenzo sabía que nunca olvidaría ese día.
 Se dirigía a su coche cuando notó que alguien le seguía, se dio la vuelta, y…
 Unas horas más tarde, se despertó todavía un poco mareado.
 Pensó que era otra pesadilla al ver que estaba tumbado en una cama hecha con pieles de animales y hojas de los árboles.
 Se levantó y empezó a mirar todo lo que le rodeaba.
 Alguien vivía allí, pero ¿Quién? Al darse la vuelta, vio a una mujer muy guapa,
 Le recordó a una persona que ya había visto.
 La mujer le habló y empezó por su nombre.
 Esa mujer tan guapa para Lorenzo se llamaba Coraline. Él, muy enfadado le empezó a preguntar cosas y quería respuestas.
 Coraline le dijo que iba a ser clara y breve. Le explicó que no era un sueño, ni una pesadilla esto era real.
Él se empezó a reír, pero, por la cara que puso Coraline, la creyó.
 Le contó cosas maravillosas de ese hermoso valle.
 Y de repente Lorenzo la miró, y le dijo:
 -Tú eres la chica del sueño, la que me transmitía un mensaje en francés.
 Ella asintió con la cabeza.
 -¿Ahora lo entiendes?, Lorenzo. Este valle era precioso, aunque no lo parece, ese maldito lo ha llenado de sombras.
 -¿Pero para qué me habéis traído aquí? 
 -Para salvarnos.
 Lorenzo no lo entendía, pero con el paso de las semanas lo entendió todo.
 Todo había pasado muy rápido y les quedaba poco para enseñarle lo oculto.
 Cada vez que alguien bebía del valle se convertía en una sombra.
 La reina del Valle Oculto, que era así como se llamaba, ya se había convertido en una sombra.
 Coraline le dijo que tenía que actuar rápido, porque Lord Sebastián ya estaba de camino.
 Al llegar, atrapó a todos los que quedaban con su alma, y los mató.
 Coraline y Lorenzo se salvaron, y Lorenzo se atrevió a luchar con él.
 Mientras luchaban una serpiente gigante  se lanzó hacia Lorenzo. Él asustado pensó que eso ya lo había vivido en uno de sus libros.
 Lorenzo estaba atrapado por la serpiente y Coraline por  Lord Sebastián y ninguno de los dos sabía qué hacer.
A Lorenzo se le ocurrió quitarle uno de los gigantescos colmillos a la serpiente. Que fue lo que escribió en el libro.
La serpiente se cayó, y Lord Sebastián salió disparado hacia él.
Lorenzo sabía perfectamente qué hacer, y a Lord Sebastián se le veía un poco nervioso.
Se tiró a él y le clavó el colmillo en el pecho.
Pasaron unos instantes y desapareció.
Una vez resuelto todo, la reina del Valle Oculto le agradeció todo lo que había hecho por salvar a una pequeña pero poderosa aldea.
Coraline se despidió de Lorenzo, y ella dijo:
-Nos volveremos a ver. 
Y fue cuando Lorenzo abrió los ojos y vio que estaba en su casa.
Nunca olvidaría esa aventura ni ese lugar,  y tampoco a las personas que lo habitaban.
Se inspiró y empezó a escribir sobre el Valle de las Sombras, que le gustaba más que el Valle Oculto.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

UN RELATO DE CRISTINA ZAZO, DE 3º B ESO, SOBRE LA AMISTAD RECUPERADA

A veces las mejores cosas, las que de verdad importan, como la amistad, sólo se valoran de verdad cuando se pierden. Quien ha perdido un verdadero amigo siente esa pérdida como algo irreparable y no siempre la vida ofrece una segunda oportunidad.

Uno de los mejores analistas del corazón humano, el francés Jean de la Bruyere,  ya decía que la amistad no puede llegar muy lejos cuando los amigos no están dispuestos a perdonarse mutuamente sus pequeños defectos.  Afortunadamente, los dos protagonistas de este relato descubren a tiempo esta verdad. Afortunadamente, también, CRISTINA ZAZO, una de las escritoras de La Serna más capaces de expresar emociones con la autenticidad de lo vivido, nos ofrece la oportunidad de leer esta historia de amistad recobrada.



MEJORES AMIGOS PARA SIEMPRE, por CRISTINA ZAZO

Llevaba todo el día encerrada en mi habitación, pensandoerrando mi cara en la almohada para que nadie oyera mis sollozos. Era un sábado lluvioso y triste, pues el día anterior había discutido con mi mejor amigo. Tenía muchos amigos, pero ninguno como él. Me entendía, me apoyaba en todo, me alegraba cuando lo necesitaba y, lo más importante, podíamos ser sinceros el uno con el otro. El viernes me llevó la contraria por primera vez, cosa que no me gustó, y, al creer que yo llevaba razón, me enfadé y le grité. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida? Lo que más me dolía era que podía perderlo por mi error, por mi culpa.

Había llegado a mi casa y le había pedido a mi madre que no entrara en mi cuarto. Me había encerrado, me tiré en la cama y allí seguía un día después. Mi madre llamaba a la puerta, ofreciéndome algo de comer, pero yo lo rechazaba, pues tenía un nudo en el estómago que me impedía probar nada. Me armé de valor y cogí el teléfono. Marqué lentamente de memoria cada número, hasta que completé el de su casa, y pulsé el botón de llamar. "Diga?", respondió la voz de su hermana. "Hola, soy Marta, ¿está por ahí Marcos? Mi voz se quebró al pronunciar su nombre, pero la hermana no pareció notarlo. "No, salió hace un rato con su amigo, me dijo que volvería tarde. ¿Le digo que has llamado? Mis ojos rojos volvieron a relucir, encharcados, y las lágrimos volvieron a rodar por mis mejillas para ir a psarar a la almohada de nuevo. "No, no, ya le llamaré." Ella soltó un "vale, hasta luego" y yo colgué, pues ya no podía articular palabras.

¿Cómo podía ser que después de tantos años estando tan unidos, después de todo lo que habíamos perdido... él estuviera con un amigo, tan feliz, mientras yo lloraba? Pasé un rato abrazada a la colcha, pensando en todo lo que habíamos pasado y que a él le había costado tan poco olvidar. Salí de la habitación procurando que no me vieran, fui a la cocina a beber agua y comer algo, un poco más tranquila.  Estaba sentada con una magdalena y una botella de agua cuando llamaron a la puerta. Pensé que sería la vecina, que vendría a cotillear con mi madre como cada sábado, pero... Mi madre me pidió desde el salón que yo abriera. "¿Con estas pintas?", pensé. Al final me levanté y abrí.

Al principio sólo puede ver un osito de peluche, que tenía un corazón entre las manos en el que se leía "MEJORES AMIGOS PARA SIEMPRE" y una postal, de gran tamaño también, que llevaba un "LO SIENTO". Y allí estaba él plantado en el rellano, con las manos en la espalda. Sólo alcancé a darle un gran abrazo y a gritar "lo siento" como una loca. "¿Mejores amigos?, pregunté yo. "Para siempre", contestó él.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

RELATOS DE AVENTURAS DE LUIS MIGUEL SOTILLO Y ESTEFANY JUDITH MUÑOZ HUERTAS , DE 1º A ESO

A cualquiera que haya seguido nuestro blog le resultará ya familiar el nombre de LUIS MIGUEL SOTILLO. Primero nos sorprendió con un relato policiaco; luego nos llevó a un terreno más personal e intimista, y ahora nos embarca en una aventura de piratas, "El azote carmesí", en la mejor tradición del género. El relato tiene gracia y desparpajo, cualidades que le presta el descarado narrador, que casi parece salido de esa casta de rufianes simpáticos que pueblan "La isla del tesoro". 

Su compañera ESTEFANY JUDITH MUÑOZ HUERTO nos ofrece una aventura más contemporánea y quizá más realista. Tres chicas, ¿turistas?,  se encuentran en una isla tras el naufragio del barco en el que viajaban. Ni que decir tiene que la narradora, pese a las penalidades,  sobrevive para contarlo. En este relato se adivina la sombra de "Robinson Crusoe" aunque no hay rastro alguno de su amigo Viernes. !Para que luego digan que el turismo de hoy no ofrece sorpresas!


EL AZOTE CARMESÍ, por LUIS MIGUEL SOTILLO

El día 8 de septiembre de 1624, me encontraba en mi barco, el Dragón Escarlata.

El escorbuto y la falta de provisiones hacían mella en la tripulación. Muchos hombres murieron, pero su sacrificio no fue en vano; gracias a ellos yo tenía en mi poder la mitad del mapa que llevaba a una isla del tesoro. Lo malo es que para localizar el tesoro necesitaba la otra mitad del mapa, que estaba en poder del capitán Eizan, fiel servidor del rey de las Españas.

Mi plan era simple: localizar a Eizan, abordar su barco y robarle su mitad.

Lo malo es que no tenía ni idea de dónde encontrar a Eizan y lo peor: no disponía de recursos para encontrarlo. Así que me fui al puerto español más cercano y amarré allí mi barco. Era la ciudad de Cádiz, lugar perfecto para reclutar hombres y obtener provisiones.

Antes de zarpar de nuevo, me fui a la taberna, para ver si averiguaba algo sobre el paradero de Eizan.

- Es el lugar perfecto -pensé-, seguro que  hay algún oficial borracho al que preguntar.

Tuve mucha suerte, encontré a un oficial borracho que se había quedado sin dinero y me diría cualquier cosa por que le pagara una o dos rondas. Me dijo que Eizan había partido hacia las Américas hacía un día o dos. Le pregunté si sabía algo más, pero se desmayó antes de que me respondiera.

Volví al puerto y subí a mi barco. Allí los tripulantes me preguntaron:

- ¿A dónde vamos, capitán?

Y yo les respondí:

- A las Américas.

Minutos después, partimos hacia las Américas, pero yo seguía sin tener ni idea de cómo encontrarle.

- Improvisaré sobre la marcha -pensé.

Al día siguiente, me encontraba durmiendo cuando un grito me despertó. Subí a cubierta y vi lo que teníamos enfrente: había un barco español de pequeño tamaño.

Solo una descarga de los cañones bastó para que los enemigos se postraran ante mis pies.

Pregunté al capitán sobre el paradero de Eizan y me dijo que se hallaba en Perú reponiendo provisiones.

Puse rumbo a Perú poco después de hundir ese barco con su capitán y la tripulación dentro. Estábamos a tres días de Perú. Durante dos días estuve navegando. Pero un día antes de llegar a Perú, divisamos el barco de Eizan, el Victoria, un barco admirable, acompañado por dos pequeñas fragatas.

Nos pusimos en posición de ataque y empezamos a disparar los cañones sin parar. Pocos minutos después, las dos fragatas yacían en el fondo del mar y el Victoria había sufrido graves daños, pero Eizan no se daba por vencido y siguió atacando. Yo me acercaba lentamente a él, sin disparar muchos cañones, pues no me interesaba matarle aún. Cuando estuvimos lo bastante cerca, abordamos el barco y matamos a todo el que se interponía en nuestro camino. Eizan se defendió bien, era un luchador admirable, pero el número de tripulantes del Victoria seguía bajando y, al final, Eizan fue el último en seguir en pie. Le obligué a darme la mitad del mapa que me faltaba y lo hizo sin oponer resistencia. Eizan aceptaba la derrota, una cualidad que le hacía ser un gran oponente, digno de mi respeto.

La mitad de Eizan revelaba la posición de la isla. Pero no me gustaba mucho la idea de ir a aquel lugar dejado de la mano de Dios, se encontraba cerca del polo Norte. Yo ya tenía lo que quería, pero no sabía qué hacer con Eizan. Había sido un buen oponente hasta el final, no merecía ser asesinado por alguien tan despreciable como yo. Así que le dejé en el puerto más cercano y puse rumbo a la isla.

Estuve varias semanas navegando, pasaba pocas veces en puertos porque ya le habían puesto precio a mi cabeza, lo que me hacía sentir halagado. De vez en cuando, tenía algún altercado con la Marina española, nada que no se pudiera solucionar con un par de cañonazos.

Cada vez estaba más cerca, lo sentía en mi corazón. Algo me atraía con fuerza hacia la isla, llegó un momento en que me obsesionaba tanto el tesoro que no podía pensar en otra cosa más. Cuando llegamos a la isla, no podía controlar mis acciones, me volví loco, la avaricia me cegaba. Empecé a cavar con todas mis fuerzas, mi obsesión era cada vez mayor. Hasta que lo encontré. Yacía bajo mis pies una gran cantidad de oro, era más de lo que imaginaba, no podía dar crédito a lo que veían mis ojos. Cogí todo el oro que allí yacía y lo guardé en mi barco. Zarpé con el Dragón Escarlata sin dirección alguna.

- El viento me lo dirá -pensé.



 NÁUFRAGAS, por ESTEPHANY  JUDITH MUÑOZ HUERTO


Corría el año 1978 y me encontraba a bordo del barco Tiburón.

Una mañana avistamos nubes muy oscuras y comenzó a correr mucho viento, y pasadas unas horas se desató una tormenta muy fuerte. En cuestión de minutos, vimos que una ola gigantesca nos levantaba y partía el barco en dos. Desde ahí, no supe nada de lo que ocurrió; desperté a orillas de una isla, caminé horas y horas en busca de alguna compañera, pero no hubo suerte. Así llegó la noche y tuve que refugiarme en una cueva.
Al día siguiente, me adentré en el bosque y a lo lejos vi columnas de humo, y me alegré porque eso era signo de vida. Fui corriendo a ver quién era y me llevé la sorpresa de que era Laura, la amiga con quien viajaba en el barco:

 ¡Qué alegría de verte! -exclamé-. Gracias a Dios que te he encontrado.

¿Somos las únicas sobrevivientes? -preguntó Laura.

 Creo que sí -respondí.

Observé que su ropa estaba destrozada y sucia.

 ¿Te ha ocurrido algo? ¿Te encuentras bien -pregunté.

 Estoy bien, solo que me ensucié al explorar el bosque -respondió Laura.

El hambre nos obligó a buscar comida, lo cual era muy fácil ya que había muchos animales salvajes. Con ella pasé muchas aventuras y muchos peligros. Construimos juntas un campamento donde nos refugiamos.

Dos días después, se nos ocurrió la gran idea de escalar la montaña más alta que había en la isla para tener una mejor visión de todo lo que había. Decidimos hacer una gran fogata para que así nos viera algún barco. A lo lejos, escuchamos gritos de alguien que se fue acercando poco a poco, y, para mi sorpresa, era Estrella, otra compañera del barco, que llevaba varios días de sed y hambre, y la ropa hecha pedazos, y muchas heridas en mal estado.

¿Qué te ha pasado? -pregunté.

Ya os lo contaré, pero ahora llevadme a algún sitio donde pueda curarme mis heridas -respondió Estrella.

La bajamos de la montaña y la llevamos al campamento para alimentarla y curar sus heridas.

Nos contó que se había encontrado con un tigre y tuvo que echar a correr, salvándose de milagro.

Los días y los meses fueron corriendo y una buena mañana avistamos en el horizonte del mar a un barco, y entonces, desesperadas, corrimos a la montaña para encender la fogata y que nos pudieran ver. Nos dimos cuenta de que dio la vuelta y, ya cerca de la orilla, desembarcaron unos hombres de tres lanchas y se acercaron a la playa. De esa manera fuimos rescatadas.

jueves, 18 de noviembre de 2010

DOS RELATOS DE ALUMNOS DE 1º A ESO

Partir de la propia experiencia personal da al escritor una plataforma firme y concreta para contar historias, pero el escritor es libre y soberano para alterar la experiencia real  presentando como realmente sucedidos hechos ficticios pero verosímiles.

Hay una diferencia esencial entre lo real y lo verosímil. Real es aquello que ha sucedido de verdad, y verosímil es lo que, siendo real o no, lo parece. Conceptos opuestos son lo irreal y lo inverosímil. El juego de contrastes entre lo real y lo irreal, entre lo verosímil y lo inverosímil permite en el terreno de la ficción un abanico casi infinito de posibilidades expresivas.  Al fin y a la postre es  la habilidad del escritor -su arte- la que crea la única verdad que cuenta: la verdad narrativa.

Los relatos de LUIS MIGUEL SOTILLO y de OCTAVIO BARAJAS pueden atenerse o no a la experiencia real de sus autores. Desde el punto de vista narrativo eso resulta intrascendente. Lo que de verdad importa es que ambos consiguen hacer creíble y verosímil lo que cuentan. Sus relatos realistas están llenos de verdad narrativa, la única verdad en el universo de la ficción.




PERDIDO, por LUIS MIGUEL SOTILLO

Hace siete u ocho años, un día de agosto, recuerdo que me encontraba en el coche con mi madre. Yo estaba nerviosísimo, pues era la primera vez que iba a un centro comercial.

Cuando entré, me quedé boquiabierto; era un lugar enorme. Recuerdo que me hacía sentir insignificante, yo era muy pequeño y aquel lugar era tan grande…

Mi madre me cogió de la mano y me dijo:

- No te separes de mí.

Durante mucho tiempo, hice caso a esas palabras, pero la avaricia pudo conmigo. Me solté de mi madre y salí corriendo a ver los juguetes. Cuando ya los había visto todos, fui al sitio donde me había separado de mi madre, pero ella ya no estaba. Me sentí triste, estaba solo, en un lugar que no conocía; estaba perdido, asustado y no sabía qué hacer. Anhelaba, con toda mi alma, encontrar a mi madre. Pasé como diez minutos perdido, pero para mí fue como una eternidad. Me encogí en una esquina y me quedé esperando allí.

Minutos después, vislumbré la silueta de mi madre. Me levanté, lleno de alegría y corrí hacia ella. Cuando llegué, ella me abrazó contra su pecho. Entonces una pregunta surgió en mi mente: ¿Y si la perdiera? ¿Cómo sabría encontrar el camino? Entonces noté cómo una lágrima mojaba mi mejilla.

Cuando llegamos a casa, le dije a mi madre:

- No quiero volver allí, jamás.

Pero me mentía a mí mismo, no es que no quisiera volver, sino que no quería estar sin ella otra vez.

Desde ese día, siempre pido y suplico todas las noches que no se vaya ella. Pero cuanto más pasaba el tiempo, más me daba cuenta de que ella no estaría siempre a mi lado.




HERMANOS, por OCTAVIO BARAJAS TORRUBIAS 

Un día, hace un mes, salía del instituto y fui a casa de mi abuela, que está frente al instituto. Comí y seguidamente fui a una tienda de alimentación a comprar una botella de agua porque tenía sed. Entré y cogí la botella de agua del refrigerador y le dije al dependiente:

-¿Cuánto es?-lo dije casi sin voz, por la falta de agua.

- Un euro y setenta céntimos –dijo el dependiente.

Estuve buscando el dinero un rato en la mochila, pero al final me rendí.

- Se me ha olvidado el dinero, me lo ha quitado mi hermano –dije yo afónicamente.

Mientras me iba, el dependiente guardaba el agua en el refrigerador y yo pensaba:

- Mi hermano es listo, sí, pero no tanto como yo.

Al llegar a casa le pregunté a mi hermano:

- ¿Por qué me has quitado el dinero? –se lo dije con ganas de venganza.

- Porque no quiero que me lo robes –dijo mi hermano.

- ¡Yo no te he robado nada! –dije gritando.

- Claro que sí –respondió.

- ¿No será que tú te gastaste el dinero y después quisiste quitármelo? –dije en un tono muy aclarativo.

Mi hermano se quedó callado y me devolvió el dinero.

jueves, 28 de octubre de 2010

CONCURSO DE RELATOS: SER STEVENSON; UNA DE PIRATAS





Con motivo del 160 Aniversario del nacimiento de Robert Louis Stevenson, autor de "La Isla del Tesoro", SER MADRID SUR  conovoca su 6º Certamen Literario: SER STEVENSON, UNA DE PIRATAS. Este certamen repartirá más de 3000 euros en premios.

Se admitirán relatos que estén enmarcados en el mundo de la piratería o de los piratas de cualquier época.

La fecha limite para presentar relatos al Concurso es el 11 de Noviembre. Animaos a participar.

Podéis ver las BASES DEL CONCURSO y obtener más información sobre él en el siguiente enlace:

http://www.sermadridsur.com/eventos/ser-stevenson-una-de-piratas_58/