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Este BLOG os pertenece, es vuestra puerta al mundo de la escritura, es decir al mundo de la vida. Podéis abrir la puerta con suavidad, sin apenas meter ruido. O podéis abrirla de forma escandalosa, llamando la atención de todos. Podéis entornarla un poco, o podéis abrirla de par en par. Cada uno tiene que encontrar su propia forma de llamar a esa puerta, de abrirla, de hablar con los que están dentro o con los que quedan fuera. Parece fácil, pero ese aprendizaje puede llevar toda la vida.
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viernes, 11 de febrero de 2011

"EL TIEMPO PERDIDO", UN RELATO DE CRISTINA ZAZO, DE 3º B ESO

CRISTINA ZAZO  se nos  descubrió como escritora casi desde que este Blog empezó a dar sus primeros pasos y desde entonces ha seguido visitándonos a menudo con sus relatos protagoniizados por jóvenes que tienen el coraje y la determinación de ser lo que quieren ser, pese a las dificultades que se les prentan en el camino. En esta historia, Carolina despierta de su dramática pesadilla y recobra la ilusión de vivir y de bailar, y con ella el tiempo perdido.



  "EL TIEMPO PERDIDO",  por CRISTINA ZAZO

Era ya bien entrada la noche. Carolina sufría, tendida en su cama, otra de esas horribles pesadillas que la hacían gritar, provocaban que frías perlas de sudor brotaran de su frente y hacían que diera tales sacudidas en el colchón que su padre se veía cada noche obligado a despertar a la muchacha de sus horribles sueños.

Habían pasado ya cuatro largos años. Ella era una niña entonces, de tan solo diez años de edad, que pasaba la noche con su madre en su casa en un pueblecillo a las afueras de Toledo. Su padre estaba, como de costumbre, en uno de esos viajes de negocios. Era una niña alegre, la gustaba cantar, tenía sus amigos, una niña perfectamente normal. Pero si algo la gustaba era bailar. Muchas veces su madre, Anna, lo calificaba como una obsesión. Aquella noche Carolina estaba en el sofá, sentada con su madre, cuando de repente sonó un ruido en el exterior. ¿O tal vez en el interior? Anna se levantó y fue a mirar quién o qué era, seguida por Carolina.

Pero lo que vieron las dejó completamente aterradas. La puerta estaba abierta de par en par, y varios hombres con la cara minuciosamente cubierta se encontraba en la entrada. Contemplaban a madre e hija, sus ojos saltaban alternativamente de la una a la otra, y el miedo de ambas parecía divertir bastante a los extraños. Amenazando a las dos con matarlas si chillaban, las ataron y amordazaron y comenzaron a romper cosas. No contentos con aterrorizar y humillar a ambas, uno de ellos agarro a Anna y la sacó a rastras de la habitación en que las tenían. Carolina oía los gritos de su madre con impotencia, con los ojos fuertemente cerrados y los puños apretados en su espalda. Los gritos de su madre cesaron y los desconocidos se fueron, dejando a Carolina sola y atada, y llevándose a Anna con ellos.

Todos dieron a Anna por muerta, pero su hija tenía algo en su interior que se negaba a creerlo. Aún así, Carolina dejó de bailar, le faltaban las ganas y las fuerzas que le daba su madre cada día. Ella vio un tatuaje en el brazo de uno de ellos, concretamente el que agarró a su madre. El tatuaje era una imagen tan cruel que le fue imposible olvidarla. En la imagen se veía a un hombre agarrando a una mujer del pelo, mientras de los ojos de ella brotaban lágrimas de sangre. Temía que su madre fuera deshonrada de aquella manera.

El mismo día en el que la joven cumplió catorce años se hizo una promesa a sí misma: No llegaría a cumplir los quince sin una noticia más de su madre. Fue al armario donde permanecía la ropa intacta de la mujer, que aún conservaba su olor. Cogió una camiseta ancha que Anna solía usar como pijama y se la puso con cuidado, recordando en cada movimiento que hacía con la camiseta puesta a su madre. Y una lágrima brotó de sus ojos, haciendo un camino brillante a su paso por la cara del color de la arena, rozando suavemente sus pómulos fríos e impregnándose en uno de sus mechones dorados. Se recostó pensando en ella en su cama, o más bien, pensando como ella, y se quedó dormida aferrada a la prenda que tantos recuerdos le traía.

Abrió los ojos en un sitio oscuro, tumbada en un viejo colchón. Olía a humedad, y por ningún sitio entraba la luz. El ruido de unos pasos aproximandose alarmó a Carolina, que se incorporó rapidamente cubriendose el cuerpo con una camiseta, que no era con la que se había dormido. Un hombre abrió la puerta y encendió la luz, y Carolina reconoció en su enorme brazo el tatuaje que había visto cuatro años atrás. Habló con una voz seca y ronca, obligándola a ponerse en pie. Según decía, tenía que subir a hacer las tareas de la casa, pero sin salir a la calle ni tocar el teléfono, que ya conocía las reglas y los castigos. La muchacha no entendía nada, pero siguió al hombre en silencio. Quiso preguntarle donde estaba, pero no salían sonidos de su boca. Por lo contrario, preguntó por donde debía empezar. Pero ni ella había pensado hacer esa pregunta, ni esa era su voz. Por el contrario la voz que daba vida a sus palabras era la de su madre. Su cuerpo no la obedecía. Era como si viera una película en tres dimensiones y las pantallas fueran los ojos de otra persona.

Fue al baño para empezar a limpiar y reconoció en el reflejo a Anna, un tanto desmejorada físicamente. Estaba delgada y pálida, y tenía unas enormes ojeras que le surcaban el rostro. Cuando la mujer terminó le pidió a aquel horrible hombre que la dejara mirar por la ventana, que llevaba semanas sin ver la luz del sol. Él asintió y ella se aproximó a los ventanales de la enorme casa. En la pared de enfrente se leía en un letrero: "La Arboleda". Entonces la voz del hombre sonó, tan ronca como antes, obligando a Anna a volver al trabajo. Carolina se despertó sobresaltada en su cama, y con el recuerdo de su sueño se levantó y encendió el ordenador. Comenzó a buscar información sobre un barrio que se llamara "La Arboleda", pues algo en ese sueño le resultaba muy real.

Encontró el barrio, que resultó estar en el este de Madrid, por lo que le pidió a su padre que fueran allí inmediatamente. Su padre, alarmado por si su hija había perdido completamente la cabeza, cogió algunas cosas y las metió en el coche con rumbo a quel lugar, siguiendo la dirección que su hija le había proporcionado. Carolina se llevó la camiseta de su madre puesta con unos pantalones vaqueros algo viejos. Después de un largo viaje, su padre paró el coche y anunció que ya habían llegado. Bajó del coche con su hija, que salió disparada hacia una casa enorme. Después de llamar repetidas veces a la puerta sin obtener respuesta alguna, se volvió cabizbaja hacia su padre para encontrar algún consuelo. Todas sus esperanzas habían sido nulas. Cuando otra de sus lágrimas se abría paso en sus brillantes ojos, lo vio. Vio a aquel hombre venir a lo lejos de la calle con su enorme cuerpo y su amenazante mirada clavada en ella y en su padre. Carolina, al verle, se apresuró a llamar más y más fuerte a la puerta, aporreandola de manera exagerada.

La puerta se abrió poco a poco y detrás de ella apareció el rostro asustado de una mujer pálida y muy delgada de mirada triste. Los ojos de la mujer brillaron, al igual que los de la joven y también los del hombre que las acompañaba. Anna, abriendo la puerta del todo, se abalanzó contra su hija con fuerza. La abrazaba reteniendola contra ella de una forma que no las pudieran separar. Lloraban, esperando que no fuera un sueño como tantas otras veces. El hombre se unió al abrazo, mirando emocionado a su esposa. Aun estando despeinada, pálida como el mármol y prácticamente en los huesos, era una mujer hermosa. Salieron corriendo los tres al coche, alcanzando a cerrar las puertas al tiempo justo para que el hombre que había presenciado el reencuentro no les alcanzara. Y por suerte no lo volvieron a ver, puesto que cambiaron de casa.

Carolina volvió a bailar como nunca, ganaba cada concurso al que se presentaba, siendo siempre animada desde la primera fila de las gradas por su madre. Cuando sus contrincantes la veían, con tan solo contemplar un momento sus gráciles movimientos al andar, ya sabían que había pocas posibilidades de ganarla. La muchacha comprendió lo fuerte que era el vínculo que la unía con su madre. Y su familia consiguió, por fin, recuperar el tiempo perdido.

lunes, 10 de enero de 2011

UNA HISTORIA MEDIEVAL: UN RELATO DE CRISTINA ZAZO MUÑOZ, de 3º B ESO

Un trabajo escolar, al hilo del estudio de la Literatura en la Edad Media, le sirve a CRISTINA ZAZO MUÑOZ,  escritora bien conocida por los lectores de este blog, de 3º B ESO,  para contarnos una historia ficticia pero verosímil. La autora nos abre una ventana narrativa por la que podemos asomarnos a una estampa intimista, pero llena de dramatismo, de la vida en un monasterio medieval. El despertar al amor de Amara nos insinúa  un futuro más esperanzador...pero esa ya es otra historia.



HISTORIA DE AMARA , por CRISTINA ZAZO MUÑOZ

Era de madrugada. Sor Agalia se dispuso a ir a la pequeña iglesia del monasterio a rezar como cada día que se desvelaba, pero la monja frenó en seco en mitad del pasillo. En un rincón, en la penumbra, un bulto inerte sobresalía de las sombras. Sor Agalia dudó. ¿Debería acercarse? No lo creía conveniente. Aún así, oyó un suspiro y vio algo moverse, por lo que no pensó lo que hacía: se aproximó e iluminó con la vela para poder ver mejor. La monja quedó aterrorizada. El cuerpo de una joven yacía en el suelo, cubierto de sangre. No podía comprobar si seguía viva.

De todos modos no le hizo falta. No estaba muerta: respiraba dificultosamente, oía su lenta y apurada respiración, y vio, en las manos de la joven muchacha, una pequeña silueta. La joven abrió la boca intentando hablar. Sor Agalia le oía, entre sus susurros y su espesa respiración, rogarle. Le pedía por favor que cuidara de lo que quiera que fuese aquello. La monja, asustada, se preguntaba qué era lo que a la muchacha la importaba tanto.

De repente, el bulto de sus manos se movió. Sor Agalia lo cogió y al descubrirlo se dio cuenta: era un pequeño bebé, recien nacido, cubierto de sangre y todavia con el cordón umbilical unido al de su madre. Entonces comprendió. En aquel momento, la muchacha expiró su último aliento, con una palabra casi inaudible: "Amara".

La monja se compadeció de ella. Debía de haber sido un parto duro y terrible, no se explicaba cómo lo había pasado entero sola, así que le cerró piadosamente los ojos a la chica. Después hizo que se diera una misa en su memoria, aún sin saber su nombre, y acogió a la pequeña Amara en el convento, para cuidarla.

Cuando Amara hubo cumplido los dieciséis años, era una muchacha bella, la viva imagen de su madre. Sor Agalia no la había criado para ser monja, siempre había sido una muchacha alegre y risueña, como un pajarillo. Así que por primera vez, la dejó salir del convento, para ir al mercadillo anual que se celebraba en la villa. Amara lo miraba todo con interés. Un muchacho captó su atencion, y en ese momento entendió por qué sor Agalia no quería que fuera una monja. El muchacho la miró, se acercó y... eso ya es otra historia. 

miércoles, 1 de diciembre de 2010

UN RELATO DE CRISTINA ZAZO, DE 3º B ESO, SOBRE LA AMISTAD RECUPERADA

A veces las mejores cosas, las que de verdad importan, como la amistad, sólo se valoran de verdad cuando se pierden. Quien ha perdido un verdadero amigo siente esa pérdida como algo irreparable y no siempre la vida ofrece una segunda oportunidad.

Uno de los mejores analistas del corazón humano, el francés Jean de la Bruyere,  ya decía que la amistad no puede llegar muy lejos cuando los amigos no están dispuestos a perdonarse mutuamente sus pequeños defectos.  Afortunadamente, los dos protagonistas de este relato descubren a tiempo esta verdad. Afortunadamente, también, CRISTINA ZAZO, una de las escritoras de La Serna más capaces de expresar emociones con la autenticidad de lo vivido, nos ofrece la oportunidad de leer esta historia de amistad recobrada.



MEJORES AMIGOS PARA SIEMPRE, por CRISTINA ZAZO

Llevaba todo el día encerrada en mi habitación, pensandoerrando mi cara en la almohada para que nadie oyera mis sollozos. Era un sábado lluvioso y triste, pues el día anterior había discutido con mi mejor amigo. Tenía muchos amigos, pero ninguno como él. Me entendía, me apoyaba en todo, me alegraba cuando lo necesitaba y, lo más importante, podíamos ser sinceros el uno con el otro. El viernes me llevó la contraria por primera vez, cosa que no me gustó, y, al creer que yo llevaba razón, me enfadé y le grité. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida? Lo que más me dolía era que podía perderlo por mi error, por mi culpa.

Había llegado a mi casa y le había pedido a mi madre que no entrara en mi cuarto. Me había encerrado, me tiré en la cama y allí seguía un día después. Mi madre llamaba a la puerta, ofreciéndome algo de comer, pero yo lo rechazaba, pues tenía un nudo en el estómago que me impedía probar nada. Me armé de valor y cogí el teléfono. Marqué lentamente de memoria cada número, hasta que completé el de su casa, y pulsé el botón de llamar. "Diga?", respondió la voz de su hermana. "Hola, soy Marta, ¿está por ahí Marcos? Mi voz se quebró al pronunciar su nombre, pero la hermana no pareció notarlo. "No, salió hace un rato con su amigo, me dijo que volvería tarde. ¿Le digo que has llamado? Mis ojos rojos volvieron a relucir, encharcados, y las lágrimos volvieron a rodar por mis mejillas para ir a psarar a la almohada de nuevo. "No, no, ya le llamaré." Ella soltó un "vale, hasta luego" y yo colgué, pues ya no podía articular palabras.

¿Cómo podía ser que después de tantos años estando tan unidos, después de todo lo que habíamos perdido... él estuviera con un amigo, tan feliz, mientras yo lloraba? Pasé un rato abrazada a la colcha, pensando en todo lo que habíamos pasado y que a él le había costado tan poco olvidar. Salí de la habitación procurando que no me vieran, fui a la cocina a beber agua y comer algo, un poco más tranquila.  Estaba sentada con una magdalena y una botella de agua cuando llamaron a la puerta. Pensé que sería la vecina, que vendría a cotillear con mi madre como cada sábado, pero... Mi madre me pidió desde el salón que yo abriera. "¿Con estas pintas?", pensé. Al final me levanté y abrí.

Al principio sólo puede ver un osito de peluche, que tenía un corazón entre las manos en el que se leía "MEJORES AMIGOS PARA SIEMPRE" y una postal, de gran tamaño también, que llevaba un "LO SIENTO". Y allí estaba él plantado en el rellano, con las manos en la espalda. Sólo alcancé a darle un gran abrazo y a gritar "lo siento" como una loca. "¿Mejores amigos?, pregunté yo. "Para siempre", contestó él.

sábado, 20 de noviembre de 2010

LOS ALUMNOS DE 3º B ESO ESCRIBEN DESDE EL FRENTE DE BATALLA

La maravillosa recreación que de LA ILIADA hace Alessandro Baricco* sirve de punto de partida aquí para que los alumnos de 3º B ESO se enbarquen en un empeño indiscutiblemente difícil, en la medida en que no tiene, por fortuna,  una íntima relación con su experiencia personal. Sin embargo, cada uno de ellos asume  el encargo de ponerse en el frente de batalla, en el que puede ser el último día de sus vidas, a escribir una carta a sus seres queridos. 

El resultado de ese valiente esfuerzo está aquí para que lo valoremos. Uno tiene que confesar, honestamente, que muchas de esas cartas le han emocionado tanto que ha tenido que apartar las hojas para que no quedasen humedecidas por las lágrimas. Si alguien piensa que exageramos, que juzgue por sí mismo y que pruebe a no emocionarse.

*Tanto la lectura de LA ILIADA como el ejercicio de redacción están en el libro "Lengua castellana y Literatura", Proyecto "Ánfora", Serie "Trama",  de 3º ESO, de Ed. Oxford, cuyos autores son Ricardo Lobato y Ana Lahera Forteza.





NO SOPORTARÍA PERDERTE, por CRISTINA ZAZO

Querido mío:

Sé que no debí hacerlo. No debí venir a esta guerra en tu lugar, pero no puedo dejar que pongas tu vida en peligro. Todos pretendíais que me quedara en casa tranquila, pero ¿cómo hacerlo, cómo estar tranquila si sé que tú estás expuesto al peligro? No es fácil, y tú mejor que nadie, lo sabes.

Quiero que sepas que estoy bien, los hombres de nuestro grupo me cuidan al ser la unica mujer. Sé que esto pronto acabará, confío en que alguien se de cuenta de que esta guerra no tiene sentido, en que esto acabe, que, ganemos o perdamos, tenga fin pronto. Cambié tus caricias por los duros golpes, el calor agradable de tu cuerpo por el horrible ardor del infierno, tus dulces palabras por las ensordecedoras explosiones, tu rostro de angel, en el que podía ver el mismo cielo cuando me sonreías, por las facciones del mismo diablo, que sonríen, burlonas, cuando te ves obligado a apretar el gatillo para sobrevivir.

Pero ¿cómo pararlo? ¿Qué puedo hacer yo, una simple mujer, para parar una guerra tan injusta? Ver cada día la tristeza, el hambre, el dolor de personas heridas, mutiladas incluso, ver los cuerpos de los pobres desafortunados que decidieron dejar de funcionar, dejar de sufrir. Dejar familias incompletas, mujeres viudas, madres que han perdido a sus hijos, huérfanos que perdieron a sus padres. Pudo ser egoísta por mi parte, pero yo no soportaría saber que a tí te ha pasado algo de eso. Yo no soportaría perderte sin saber hasta que punto lo has pasado mal, por esto decidí venir yo en vez de dejar que tú vinieras.  No soporto la idea de morir y no volverte a ver, pero, menos aún la de vivir sin ti. Por eso te digo que pronto volveré a verte, volveremos a estar juntos, volveré a estar contigo.

Y quiero que sepas que, si esto no puede ser, juro por lo más sagrado que mi cuerpo morirá, pero esto que siento permanecerá vivo. Mi corazón seguirá latiendo en tu pecho, y mi alma esperará a la tuya el tiempo que haga falta. Y con mi último aliento le gritaré al mundo que TE AMO. Que nunca se te olvide esta frase, porque será la que siempre te acompañe mientras tengas mi recuerdo, mi única verdad, en la que se resumen todos mis pensamientos. TE AMO.

martes, 9 de noviembre de 2010

LA MUERTE VISTA CON LOS OJOS DE LOS ALUMNOS DE 3º B ESO: RELATOS

Cuando se aproximaba el final de Octubre, y con él  el Día de los Difuntos,  fue relativamente fácil sortear el "Trick or Treat" de Halloween -ya hemos publicado un relato con muchos de los ingredientes del género-  pero resultó mucho más difícil impedir que la Muerte con mayúsculas impusiera su ley fatal, literariamente hablando.  Así que "henos aquí," como diría un antiguo, obligando a escribir a los alumnos de 3ºB ESO sobre este fatídico, y verdaderamente inmortal, asunto. Ni que decir tiene que no sonaron aplausos.

Se exigió un enfoque realista, sin descartar, por inevitables, las emociones e incluso las efusiones sentimentales. Los adolescentes están muy familiarizados con la muerte virtual, la de las películas o los videojuegos, pero la muerte real despierta en casi todos un rechazo casi supersticioso, aunque en muchos casos ya han tenido que enfrentarse al dolor de la pérdida de un ser querido. Nadie estaba, por supuesto, obligado a contar una experiencia personal. por más que hacerlo pudiera tener un valor terapéutico, pero tampoco había una prohibición expresa de hacerlo. Como siempre, el profesor propone, pero el alumno dispone. Así es y así debe ser en estos asuntos de la escritura.

El resultado lo tenéis ante vosotros. No seremos nosotros los que descubramos lo que de realidad y de ficción hay en cada relato. Esa diferencia puede tener sentido para sus autores; al lector lo que le importa es que la plasmación literaria esté lograda, que resulte convincente. A veces, por obra y arte de las palabras, la realidad inventada resulta más verdadera y genuina que la realidad vivida; a veces también, cuando la emoción encuentra el tono y las palabras justas, la realidad vivida -revivida en la escritura- se expresa con una fuerza insuperable.

El resultado, en cualquier caso, lo tenéis a la vista en esta selección de relatos.




MUERTE INESPERADA, por ROBERTO LEÓN RUBIO


Maldito día aquel en el que mi abuela perdió la vida. Estamos todos de cena en casa, cuando mi abuela se ofrece para bajar la basura. Mi familia y yo lo estamos pasando de lujo: mi primo y yo jugando a la consola, mís padres y tíos charlando, y mi prima y mi hermana jugando a las muñequitas.

Había pasado ya un rato desde que mi abuela se había ido a tirar la basura. Mis padres y tíos empezaron a extrañarse al ver que no volvía, hasta que mi madre, más que nada por quedarse tranquila, se aasoma a la ventana. De repente, todos oímos sus gritos y nos levantamos corriendo. Mi madre está llorando, tendida en el suelo. Le preguntamos qué pasa y nos señala la calle.Voy corriendo y descubro que mi abuela está en el suelo de la carretera cubierto de sangre.

Cinco minutos más tarde llamamos a una ambulancia. Cuando llega nos dan el pésame y nos dicen que no pueden hacer nada por su vida. "Es injusto que se muera", decimos mi primo y yo deshechos por la tragedia.

Mi abuela era una gran persona y siempre lo será. Esos momentos de risa cuando hacíamos fiestas o en nuestro cumpleaños nunca los olvidaremos. Siempre que la veíamos nos daba unos euros para que nos comprásemos algo. Antes de comprarse ella cosas siempre miraba por sus hijos y por sus nietos.

Siempre llevará dentro de ella esos recuerdos de cuando se casó, de cuando tuvo a sus tres bellos hijos, de cuando su marido fue a la guerra, donde lo mataron.

Nunca me olvidaré de ella y siempre quedará una parte de mi corazón dolida por su ausencia.


MI PADRE, por TERESA MARTÍNEZ PIÉLAGO

Llevaba un año y unos cuantos meses enfermo, o bien en el hospital o bien en casa, tumbado en la cama durante todo el día.

Era una situación dura, sobre todo para mí, que tenía únicamente ocho años.

Apenas me enteré de lo que ocurría, sabía que no se trataba de algo simple, pero no algo que pudiera llegar a la muerte.

Mi padre era un hombre inteligente y trabajador, siempre estaba atento y era capaz de cualquier cosa por mi familia.

Pasé un año separada de él. Veía a los mayores moverse de aquí para allá, sin un porqué. Mi hermano estaba algo confundido por la situación, pero supongo que entendería la razón de ella.

Cuando mi padre  se encontraba en casa, yo pasaba la mayor parte del tiempo junto a él, pues echaba de menos esas risas divertidas que tanto nos identificaban.Ahora en su cara seria y triste solo se distinguían unos ojos caídos, de los que se desprendían unas lágrimas a escondidas.

Era un día frío y lleno de nubes negras que parecían presagiar un acontecimiento horrible.

Llegué a casa con una sonrisa, que se desvaneció en el ambiente seco y vacío que encontré.

Pasé a dejar las cosas a mi habitación y, como de costumbre, miré por la pequeña abertura de la puerta de la habitación de mis padres, que estaba vacía.

Cuando me vio mi madre me dijo: "Papá se ha ido al cielo". Inmediatamente comencé a llorar.

Parecía algo prácticamente imposible de ocurrir, pues era una de esas cosas que solo les ocurren a los demás y las ves muy lejos de tu alcance.

No puede siquiera despedirme de él. Era algo que nadie podía entender, excepto aquellas personas que habían pasado por una experiencia semejante.

Es una emoción que no puede explicarse con palabras. Es un sentimiento doloroso en el interior de tu corazón, pues pierdes a la persona con la que has compartido toda tu vida.

La falta de su presencia me hizo rememorar todos los momentos del pasado, como las últimas vacaciones que pasé junto a él, o la primera bicicleta que me regaló, pero sobre todo cuando volaba con él los aviones, que yo misma le ayudaba a construir, en un campo ahora convertido en una zona urbanizada que parece borrar todos los recuerdos.

Pero yo sé que nunca le podré olvidar, y me imagino que él me acompaña a todas partes donde voy. Era, es y será mi padre.







JAVIER, por LYDIA RUBIO VICARIO

Todas las noches se oía la misma canción: el pequeño de la casa no quería dormir solo.


Se oía. "Vete con papá"; "No, no, con las niñas". Él se paseaba por el pasillo llorando con su chupete, hasta que, como siempre, se venía a mi cama.


Tenía un olor especial, abrazarlo era muy reconfortante, pues yo me sentía su protectora, aunque me llenara de lágrimas y mocos.


Desde que nació tenía algún problema de bronquios y debía vacunarse para evitar los constipados. Era moreno, gordito, con ojos tan grandes como platos. Su boca estaba siempre ocupada con su chupete, que no se quitaba ni para reír ni para llorar, ni casi para comer.


Con su media lengua y sus manitas regordetas me llamaba "tata, tata" para que yo le cogiera. Era muy mimoso. Era como tener un muñeco grande al que no podía quitarle las pilas de vez en cuando.


Era su cumpleaños: tres años. Había estado en el médico para que le pusieran la vacuna. Ese día fuimos a visitar a mis tíos. Él no paraba de repetir todo el rato "pupa aquí", señalando su brazo regordete. Cuando llegamos a casa, estaba cansado y le subió un poco la fiebre. Era normal, después de la vacuna siempre se quedaba un poco pachucho. Yo me fui a la academia y él se quedó dormido en brazos de mi abuela.


¿Qué pasó en esa hora? Aún me lo pregunto y no encuentro respuesta.


Cuando salí de la academia vino a buscarme mi vecina y me dijo que me tenía que ir a dormir a su casa, ya que mis padres se encontraban en el hospital.


-¿En el hospital? ¿Qué pasa? -Como mi padre era él único al que yo no había visto ese día, pregunté a mi vecina: -¿Qué le ha pasado?


-No, no... es tu hermano que...está malito -me mintió.


Me fui tranquila, pues nunca pensé que algo malo iba a pasar.


Alguien dijo que él había muerto. ¿Cómo? !Estaban locos! !Era imposible! No podía ser él, se me vino el mundo abajo, pero, desgraciadamente, así fue, mi pequeñin, mi hermano...había muerto.


Volver a casa, sin él, empezaban las dudas, las preguntas, la incomprensión. ¿Por qué?, me repetía una y otra vez.


Miraba la puerta, como esperando que él  regresara, era un sueño... ¿Qué fue? Fue una pesadilla. Incluso le oía y le sentía a mi lado. Me gustaba oler su ropa, era como volver  a tenerle cerca.


¿Cómo vivir sin él? No será posible, él forma parte de mi vida y ya no está aquí.


Es algo tan doloroso, tan incomprensible, tan injusto. ¿Cómo se puede describir? No existen palabras, es una sensación de vacío, de impotencia, algo que te hace estremecer.


¿Y escribir sobre ello?... ¿Cómo?, si su recuerdo te hace llorar y no te deja escribir.


Poco a poco "te acostumbras" y empiezas a sentir de otra manera su ausencia, con el mismo dolor, pero sabiendo que he tenido el mejor hermano del mundo.


Y aunque no esté yo le quiero, y le siento igual que cuando se metía conmigo en mi cama, quizá esté  muy cerca, pues asi lo siento yo.


Gracias por existir, "mi pequeñín".





RECUERDOS DE BÁRBARA, por SARA PADILLA

-!!Nooo!! -gritaba desesperada.

-Venga, Laura, por favor, tranquilízate. Ya sabemos que es difícil, pero no puedes estar lllorando y gritando todo el tiempo -me decían mis familiares y amigos-. Sabemos que la Pérdida de tu hermana Bárbara ha sido horrible, y más ella con ocho añitos que tenía. Tú tienes diez, tampoco entiendes todavía el sentido de la vida. Todos lo estamos pasando fatal.

-¿Laura? -dijo mi madre.

Me desmayé. Tenía mucha presión acumulada y muy pocas fuerzas.

-Oh, no.  !Una ambulancia, por favor!

A los veinticinco minutos recuperé la conciencia, ytas varios intentos de los médicos, que me daban ya por perdida, pues  del golpe tenía varias lesiones graves en la cabeza.

Estuve varios días en el hospital porque tenía que recuperar fuerzas. No comía nada voluntariamente, sino que me alimentaban con una vía, y tgenía unas increibles ganas de no dormir. Mi familia preguntaba a los médicos que si me podría recuperar y volver a sonreir y llevar mi vida de siempre. Ellos lo veían posible, pero dentro de algún tiempo.

Para hacer más corto ese tiempo, todos los días mis hermanos (yo era la más pequeña, ya que Bárbara se había ido) intentaban hacerme recordar los estupendos momentos que había pasado junto a Bárbara, pues yo era de sus hermanas la que más tiempo había estado con ella.

Me hicieron ver que Bárbara se había ido a otro lugar en el que ya no sufriría por nada, y que tarde o temprano yo dejaría de sufrir también . La vida sigue aunque te dé muchos palos.

No me dijeron que estaba muy grave y que no aguantaría mucho más, para no hacerme sufrir por adelantado, pero el dolor no se iba a ir fácilmente.

Durante los quince días que estuve en el hospital ingresada, recordé los fantásticos momentos que pasé con mi hermana Bárbara: cuando íbamos y volviamos del colegio, cuando saliamos a comprar los sábados y corriamos como locos de tienda en tienda, cuando íbamos a casa de nuestros tíos y jugábamos con los primos Enrique y Erika, y hasta recordaba con alegría las broncas que teníamos y cómo nos quedábamos castigadas por culpa de la otra.

Pasó el tiempo y yo me recuperé. Volví a casa con mi familia, y lo único que ahora recordaba eran los buenos momentos que pasé con mi hermanita y apenas quedaba pena. ¿Para qué llorar y deprimirte? !Sé feliz!

-Me alegro un montón de verte ya recuperada, Laura -me dijo Víctor, mi mejor amigo, que en ningún momento, cuando lo he necesitado, me ha dejado sola.

-A partir de ahora, Víctor, viviré la vida con una sonrisa en la cara. Antes pensaba que sería mejor dejar de luchar por vivir e irme con mi hermana, pero sé que con el tiempo ella y yo volveremos a estar unidas y nadie nos podrá separar.



RECUERDOS, por MARÍA GALLEGO MORENO

Aún recuerdo ese día. Ese día en que pensaba que el mundo se me venía encima. No tenía esperanzas ni ganas de vivir si tú no estabas a mi lado. "Cómo se puede morir una persona con dieciséis años", me preguntaba.

Los primeros días fueron como si estuviera en una nube blanca, todo me parecía extraño. Hasta que pasó un mes y decidí que no podía estar así, que la vida seguía y que tenía que afrontar los hechos fueran como fueran.

Vivo como antes, pero ahora sin ti, aunque creo que lo he superado: ya no lloro al decir tu nombre, ni me emociono, solo pienso en los buenos momentos que he pasado a tu lado.

Como cuando era pequeña y te venías a mi habitación, diciéndome que tenías miedo y que si te podías dormir conmigo. Luego, por las mañanas, mamá no te encontraba, pero siempre se suponía que estabas en mi habitación.

O esos veranos en la playa, cuando papá te compró tu tercer bañador- Era de Spiderman, recuerdo lo que te gustaba, no te lo podíamos quitar ni cuando estaba mojado.

Pero también recuerdo esos momentos de adolescencia que estábamos pasando, y que la muerte te interrumpió. Esas charlas que me dabas sobre chicos, que no tenían ni pies ni cabeza, pero que ayudaban a sontreír en los malos momentos.

Solo quiero hacerte saber que sigues estando dentro de mía vida, aunque no estés a mi lado, y que te quiero.




LA PÉRDIDA, por JORGE SÁNCHEZ GARCÍA

No lo podía creer, me lo contaba mi amiga llorando y sólo pensaba que estaba equivocada. Él no podía estar muerto.

Esa misma mañana fui con él a comprar el pan y nos reímos un rato tomando unos chuches que habíamos comprado con las vueltas.

Entonces vino Luisma. Venía blanco, desencajado. De repente sentí que me faltaba el aire, que los edificios daban vueltas a mi alrededor, y en ese momento me di cuenta de que era verdad. Nunca más podría ir a buscarlo a su casa, a reírme de las chicas con él, a echar un partidillo en la plaza.

Sin quererlo, me di cuenta de que lloraba, de que me faltaba una parte de mi vida, de que no era capaz de decirles a mis amigos nada que les hiciera sentir mejor. Después vino la rabia, el odio, me hubiera gustado que hubiera un culpable, alguien a quien pegar.

Pero no era sí. Cuando puede respirar hondo pregunté: -¿Cómo ha sido? Y me dijeron:

-Fue de repente, creen que le falló el corazón, pero hasta que no lo vea el forense no lo sabrán seguro.

Se me vinieron a la cabeza cien preguntas: ¿Cómo es posible?, si estaba sano, si no tenía ni un constipado. ¿Pero a alguien de mi edad le puede fallar el corazón?

Lo siguiente era pensar qué haríamos ahora. Tendríamos que apoyar a la familia, pero no sabíamos cómo, así que decidimos volvernos cada uno a nuestra casa y hablar con nuestros padres qué hacer y cómo.

De esto han pasado ya dos años, aunque ya soy capaz de reconocer que mi amigo ya no está con nosotros.

martes, 2 de noviembre de 2010

VIVIR LA ESCRITURA, ESCRIBIR LA VIDA: RELATOS DE ROSARIO RABÍ, LYDIA RUBIO Y CRISTINA ZAZO


Escribir es un acto vital y, como tal, no está apartado de la vida del escritor. Incluso el más fantasioso de ellos impregna con su propia realidad todo lo que escribe, no importa que sitúe el ambiente de sus obras en una lejana galaxia o en la profundidad de sus sueños. En ese sentido no es descabellado afirmar que toda obra es autobiográfica.

Este ejercicio de redacción  en la clase de 3ºB ESO no pretendía demostrar ni esta tesis ni la contraria, por otra parte perfectamente defendible. Solo exigía como condición que en cada relato apareciese un escritor en el acto de escribir y que la realidad del escritor- ficción ella misma- se confundiese con la ficción de su escritura. No era fácil explicarlo, menos aún entenderlo, pero algunos de los relatos que aquí presentamos logran una aproximacion  bastante lograda a lo que pretendiamos.Ese es el mérito exclusivo de sus autoras.
CRISTINA ZAZO se sumerge  y nos sumerge en el mundo de los sueños. ROSARIO RABÍ encuentra la inspiración gracias a un casco de moto perdido, cuyo hallazgo se la restituye.  Las narradoran de sus historias  vislumbran el amor que buscan en su obra.  LYDIA RUBIO, por su parte,  nos acerca a la dura realidad del mundo, donde el lugar de nacimiento determina la vida y la muerte.
Leamos sus relatos. En ellos la escritura se vive y la vida se escribe.



"ESCRIBIENDO MI PROPIA HISTORIA", de  CRISTINA ZAZO.

"No lo puedo creer", me repetía a mí misma una y otra vez mientras volvía a borrar el texto de mi ordenador por vigésima quinta vez. Estaba totalmente convencida de que aquella novela iba a ser muy buena para mi corta edad, y ahí me tenían, con la cabeza enterrada entre los brazos y totalmente bloqueada ante el teclado que tenía delante. La novela comenzaba en un modesto pueblecito en el que una joven se enamoraba de un chico fruto de su imaginación, una simple ilusión que aparecía en sus sueños, un completo espejismo al que ella se aferraba y que, cuando intentaba abrazarlo, se evaporaba, perdiéndose su imagen en la nada y la muchacha se quedaba completamente sola.

En mi cabeza se agolpaban mil ideas, pero eran contradictorias o no estaban lo bastante elaboradas para el nuevo libro. Lo cierto es que yo lo había soñado también y suponía que aquella historia la escribía mi subconsciente, queriendo de alguna manera expresar mis sentimientos, retratarlos en aquella chica que sentía tanta desesperación por un producto de su mente. Sí, tienes razón, yo también pensaba  que me estaba volviendo loca. Una muchacha normal de catorce años tiene demasiadas cosas en la cabeza, pero pocas de esas chicas tienen la idea de querer escribir un libro.

En aquel punto de la historia la chica había seguido a su amado, sin rumbo, sin saber si esta vez era real, pero se había desvanecido dejándola otra vez sola en medio del bosque. Era exactamente así como había terminado mi sueño; yo no había despertado y mi sueño había quedado incompleto. Pero ahora no sabía qué habría pasado de haber seguido soñando. Aquel chico podría ser algo más que una imaginación de mi propio sueño. Miré el reloj, era ya media noche y estaba cansada, así que guardé el texto y me metí en la cama, concentrándome en el misterioso muchacho.

La noche pasó lenta, entre sueños bonitos y dulces en los que me pasaba la noche entera conversando con aquel chico. Le preguntaba cosas y él me ayudaba a terminar mis ideas para mi nuevo libro. Me levanté con una sonrisa y encendí el ordenador para escribir todo sin perder detalle.¿Quieres saber cómo seguí mi libro? Pues un buen resumen puede ser éste:

"Aquel chico empezó a hablar con la muchacha, se contaban sus cosas y ella era feliz, pues él era solo para ella porque sólo ella lo veía. Unos la tomaban por loca, otros simplemente intentaban comprenderla. El contacto con el chico era extraño, ella lo sentía. Cuando lo abrazaba sentía su calor; sin embargo, cuando ella cerraba sus brazos en torno a él, él era una figura de humo, incorpórea a veces, y otras veces más compacta.  Para ella era especial, simplemente era un chico diferente al resto. Y así pasaron sus días juntos en cada momento, y juraron no separarse jamás."





"ROMANCE",  de ROSARIO RABÍ

Era una tarde nublada de domingo, el cielo estaba de un color grisaceo que casi daba miedo. Era de esos días en que no te apetece hacer nada, pero un escritor obligado a  sacar una nueva obra como yo, no se lo puede permitir, así que, sin darle muchas vueltas, me preparé para escribir la primera página de mi narración.

Tenía una historia en la cabeza, hacía mucho tiempo que me había planteado la idea, pero nunca sabía ni cómo ni por dónde empezar.

Me tumbé en el diván frente a la ventana del salón a ver si así me venía una  inspiración repentina. Cogí la pluma y una hoja.

Había pasado media hora y la hoja seguía intacta. No sabía cómo empezar la historia de amor que tanto me había costado pensar. Empecé a desesperar, así que decidí dejarlo para otro día antes que meter la pata con frases frustradas y sin sentido.

Como todos los lunes, cogí la moto para ir al estudio. Había un atasco monumental, así que decidí atajar por las estrechas callejuelas que hay en Barcelona.

Por fin aparqué la moto y subí al estudio. Allí empecé a redactar unos documentos. De repente llamaron a la puerta. Cuando abrí, una chica de unos veinticinco años llamó a la puerta y me entregó mi casco de la moto.
Se me había caído, pero por suerte tenía la dirección del estudio escrita en su interior.

Recogí el casco de sus pálidas y suaves manos. Estaba un poco aturdido, no podía creer que alguien se molestara en llevarme  el casco hasta allí y menos una chica tan interesante como ésa.

Llegué a casa cansado, pero muy ilusionado por el inesperado flechazo que había sufrido por aquella chica.

Aunque horas antes tenía la mente en blanco y no sabía cómo empezar mi historia, todo había cambiado tras conocerla. !Qué mejor manera de comenzar una historia de amor que con  tus propias vivencias!




¿DÓNDE NACER?, de LYDIA RUBIO

Ya es de noche, casi no me ha dado tiempo a nada. Esta tarde he llegado de mi último viaje. Además hoy estreno nuevo apartamento, claro , por eso está todo revuelto, mi trabajo a medio hacer, y así es imposible sentarme cerca de la ventana, con una luz cálida, como de costumbre, y empezar a pensar en mi libro. No sé a quién va dirigido, me tiene totalmente confundida. Cuanto más investigo y me documento con mis viajes, más confusa estoy. Lo único que tengo claro es el título: "¿Dónde nacer?"
Mañana intentaré sacar de todas estas cajas mis apuntes y volver a leerlos, para completarlos luego con los de mi reciente viaje. Tengo que ordenar ideas para poder transmitir mis intereses, dudas y experiencias a mis futuros lectores.

Hay una diferencia abismal de un lugar a otro: familia, cultura, ser hombre o mujer, la época en la que vives, dónde...

¿Cómo empezar?

¿Podré explicar a quienes mueren de hambre, frío, enfermedades, que trabajan muy duro desde pequeños, que no tienen agua, higiene, electricidad, móviles, ordenadores, educación...que hay un mundo totalmente distinto, inimaginable para ellos?

Un mundo donde personas iguales a ellos tiran comida, luchan por no engordar, no les vale cualquier marca de ropa, donde el móvil es imprescindible... quizás piensen que estoy loca.

Contaré con la ayuda de mi protagonista, Mirella, un hada que capítulo a capítulo nos enseñará las diferentes formas de nacer. Tengo mucho trabajo por delante.

Primeramente, a Mirella le toca explicar el mundo musulmán, por qué las mujeres desde pequeñas tienen que estar tapadas con un velo o un burka. Por qué están discriminadas, infravaloradas, constantemente sometidas al control del hombre. Por qué cuando las niñas tienen la primera menstruación son consideradas adultas y se les busca un marido. Por qué la "mujer" entonces deberá acatar la decisión del hombre, le guste o no. Por qué las mujeres que tengan relaciones extramatrimoniales, aunque estén divorciadas, serán lapidadas. Por qué no tienen derecho a la educación.

Es muy duro mi trabajo; lo que cuento puede parecer irreal, pero desgraciadamente es la verdad.

Hasta alguna vez Mirella se asustará de lo que vaya a contar.

lunes, 1 de noviembre de 2010

DOS HISTORIAS DE HALLOWEEN, POR ISABEL GONZALO DE 3º B ESO Y ANAÍS VACAS de 1º F ESO

¿Qué sería de Halloween sin máscaras y sin disfraces? ¿Qué sería sin muertos vivientes y sin historias de terror? ISABEL GONZALO nos trae una desde ultratumba, en la que aparece una casa del teror y la niña del exorcista.

Por su parte, ANAÍS VACA GARCÍA nos trae un cuento que tiene todo el encanto de los cuentos de hadas, en este caso transmutadas en brujas, zombis y esqueletos.

¿Estáis preparados para escuchar la voz de los muertos?





LA CASA DEL TERROR, por ISABEL GONZALO

Este fin de semana era ya Halloween y, por supuesto, había quedado con mis amigas para ir a la Casa del Terror que organizaba el Ayuntamiento todos los años.


Todas estábamos muy nerviosas porque, aunque nos lo pasábamos muy bien, al fin y al cabo era una casa del terror, y teníamos miedo, aunque luego se nos pasaba.
 

Ya por fin, llego la noche de Halloween. Estábamos todas en casa de Lucía disfrazándonos y pasándolo genial, cuando la madre de Lucía llamó a la puerta.

-Chicas, si no se van ya, llegaran tarde y se hará mucha cola.- Nos dijo.

-Ya vamos, mamá.-Le respondió Lucía.

Tras cerrar su madre la puerta, todas nos miramos y afirmamos con la cabeza, y después salimos por la puerta decididas a pasarlo genial.

Cogimos el autobús para ir a Madrid, exactamente a la plaza Mayor, y nos divertimos en el trayecto mirando los disfraces de los demás.


Cuando llegamos a la plaza, nos asombramos con lo que vimos. Era mucho mejor que otros años. La Casa del Terror era mucho más grande, y había mas gente disfrazada que otros años.

Inmediatamente nos dirigimos a ponernos en la cola, en la que ya había una hora por lo menos de espera, pero no nos importaba. Enseguida empezó a funcionar la casa, e iban entrando grupos variados, de tres, de cinco, de ocho personas…

Cada vez estábamos más cerca de entrar, y cada vez mas nerviosas.

-Chicas, ya nos queda poco...- dijo Andrea.

-Ya- la confirmé yo.


Veíamos entrar y entrar cada vez más gente en la Casa del Terror. Pero no veíamos salir a nadie, así que supusimos que la salida estaba por el otro lado.

Detrás de nosotros ya había como otra hora de cola, y nos alegramos de que la madre de Lucia nos avisara de que nos viniéramos a esa hora.

Al cabo de unos veinte minutos más esperando, estuvimos al fin delante de la puerta de la entrada a la casa.

-Vais a morir... - nos dijo el que nos recibía en la entrada.

Todas nos miramos con sonrisas forzadas, lo que me confirmó que todas estábamos muertas de miedo. Pero todas le seguimos, como si fuéramos unas valientes. Aunque la valentía se nos acabó nada mas entrar, porque salía gente disfrazada de todos los lados y nos gritaban y, claro está,, nos asustábamos y gritábamos más.

A los diez minutos de estar dentro haciendo el pasaje, que era mucho más largo que otros años, ya se podría decir que estábamos afónicas y muy, muy juntas por el miedo.

El guía nos dijo que ya faltaba poco para nuestro fin, y supusimos que era el final del pasaje, y aunque estábamos muertas de miedo sabía que luego lamentaríamos que se hubiera acabado. Pero todos los años acaba y sobrevivimos hasta el año siguiente con la historia del miedo que pasamos, así que, no nos importaba mucho tener que esperar otro año.

Ya por fin llegamos a la sala de la niña del exorcista.Esa era la sala que a mi me daba mas miedo, y a mis amigas más risa por mi cara. Pero es que no soportaba a esa niña en las películas.


Solo que este año no fue igual que el resto como supusimos.

Nada más entrar por la puerta, normalmente mis amigas seguían andando como si fueran por su casa y yo me abrazaba a alguna muerta de miedo.

Ójala nunca los hubiera abierto.


Todos los años la niña del exorcista estaba atada y escupía espuma por la boca, y este año la cama estaba vacía, las cuerdas rotas y la niña del exorcista estaba con un cuchillo encima de una montaña formada por las personas que habíamos visto entrar antes a la Casa del Terror.

Dimos un par de pasos atrás en silencio. Como estábamos afónicas tuvimos la suerte de que ninguna gritó. La niña parecía no notarnos, así que pensamos que teníamos alguna posibilidad de escapar.

!Qué equivocadas estábamos…!


Al girarnos nos dimos cuenta de que nadie había mirado  por dónde veníamos, y no encontrábamos la puerta. El guía había desaparecido, y la niña nos había visto. Había venido a una velocidad increíble delante de nosotras y nos había sonreído como si fuéramos amigas de toda la vida, solo que era una sonrisa diabólica.


Se podría decir que no la vimos venir… y al cabo de dos minutos estábamos en la montaña de gente…

Me di cuenta en el último minuto de mi vida que la casa del terror era una trampa, que el guía nos había avisado y no le habíamos creído, y que en realidad la casa no tenía salida.
Era tarde para darse cuenta, pero… mejor tarde que nunca…

Lucía, Andrea, Silvia, Paula y yo teníamos 15 años cuando nos mataron en la casa del terror. Llevábamos juntas 7 años, y era la primera vez que nos engañaban a todas.
Todas nos llevamos una última lección: Nunca te fíes de algo que está distinto a como siempre...



CUENTO DE HALLOWEEN, por ANÁIS VACAS

Érase una vez dos niños cogiendo caramelos en el bosque, Martín y Elena.  Supongo que querréis saber cómo han llegado hasta allí ¿no?


Bueno, pues lo sabréis.  
                   
Era la noche del 31 de Octubre (la noche de Halloween) y Elena y Martín iban de casa en casa pidiendo "tratos". Cuando llegaban a una casa ellos preguntaban:
 -¿Truco o trato?
La gente sonreía, contestaba ``trato ‘y echaba un puñado de caramelos en las calabazas de cada niño. Así hasta que lograron vaciar todos los caramelos que había en cada casa. Cuando llegaron a su casa estaban sorprendidos, los caramelos habían desaparecido.
Elena miro a su hermano y le preguntó:
-¿Qué ha pasado?
-No lo sé, quizás se hayan caído por el camino -contestó él.

-Vayamos a comprobarlo -contestó ella.

Los dos fueron a comprobarlo y vieron que había un rastro de caramelos que conducía al bosque.                     
– ¡Cojamos los caramelos mientras seguimos el rastro! -exclamó Martín. Mientras lo recogían le preguntó a su hermana:                                              
-No nos atraparan y nos encerrará una bruja como a Hansel y Grettel, ¿no?
-¡Claro que no, eso solo pasa en los cuentos!- contestó ella.
-¡Uf! Menos mal.-contestó él, y siguieron cogiendo los caramelos y siguiendo el rastro.
Al terminar de coger los caramelos, vieron que seguir aquel camino había merecido la pena. Se encontraron con una gigantesca ciudad llena de espíritus, zombis, esqueletos..., era algo parecido a un pasaje del terror pero en grande.
-Elena, mira, creo que están celebrando Halloween.
-Sí, es verdad.- contestó Elena.        
Los dos niños se acercaron a verlo. Por allí pasaba un fantasma y le preguntaron:
-¿Eres un fantasma de verdad?
-Sí, ¡ah! Y, por cierto, bienvenidos a la ciudad de Halloween.
- ¿La ciudad de Halloween? -contestaron los niños.
- Oh, qué despistado, no os lo he contado ¿no?
- No. -contestaron los niños.
-Todos los años atraemos a los niños con un rastro de caramelos, pero siempre salen corriendo asustados, por eso, ya no le dábamos demasiada importancia, pero ahora que vosotros estáis aquí, ¿querríais celebrar Halloween con nosotros? -preguntó el fantasma.
- ¡Claro! -contestaron los niños, y fueron a unirse a la fiesta.
Desde esa noche, cada 31 de Octubre, siempre iban allí a celebrar Halloween con ellos.

sábado, 30 de octubre de 2010

GABRIEL PALACIOS DE 3ºB ESO SE ASOMA CON SU CÓMIC AL POZO DE LUIS MATEO DÍEZ




El microrrelato "El pozo" de LUIS MATEO DÍEZ encierra en su brevedad un inquietante significado. No se puede sugerir con menos palabras la existencia de otro mundo, tanto más perturbardor cuanto no está en una lejana galaxia sino a nuestro lado, y no nace del vértigo de  un viaje fantástico sino de la anodina realidad de lo cotidiano. GABRIEL PALACIOS, de 3ºB ESO, ha sabido traducir en imágenes ese mundo y le estamos agradecidos por ello.

Aquí os presentamos el brevísimo relato de Luis Mateo Díez y el "cómic" de Gabriel.

EL POZO

Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años.

Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa.

Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse.

En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior.

"Este es un mundo como otro cualquiera", decía el mensaje.
                                                                                                    Luis Mateo Díez.


Si quieres ver el comic de Gabriel Palacios, pincha aquí:

http://dl.dropbox.com/u/12636769/el%20pozo%2C%20Gabriel%20Palacios.pdf


martes, 26 de octubre de 2010

CRISTINA ZAZO DE 3º B ESO Y EL DEPORTE FEMENINO

Lo que hace particularmente interesante a este sencillo texto de opinión de CRISTINA ZAZO es que sabe ligar muy bien una desafortunada experiencia deportiva personal con una documentada exposición sobre los éxitos de algunas deportistas españolas. Su tesis está muy clara y la defiende con argumentos vehementes: las mujeres pueden alcanzar los mismos éxitos deportivos que los varones. ¿Alguien lo duda?


Para ser sincera, nunca se me ha dado bien ningún tipo de deporte. Es más, por algún motivo lo odio, pero nunca he tenido claro ese motivo. Quizás es que soy demasiado vaga, o puede que sea por mi innegable torpeza ante el deporte. Siempre acabo cayéndome, me canso enseguida si corro más de cinco minutos seguidos. Cada vez que juego al fútbol me llevo algún que otro balonazo. Si juego al baloncesto, el maldito balón siempre acaba dándome en la cabeza o torciéndome algún dedo. En fin, los deportes no son lo mío.

Algunos lo arreglan diciendo: Buerno, es una chica, ¿qué esperabais? En ese momento te entran ganas de darles una bofetada. ¿Qué tiene que ver que sea una chica? Una chica puede ser gtan buena deportista, incluso mejor, que un chico, aunque el mío no sea el caso. Mujeres como María Jose Rienda, Marta Domínguez o Joane Somarriba son buenos ejemplos.

María Jose, de Granada, ha hecho historia no solo en esquí femenino, sino en todo el esquí español. Ya ha conseguido sesis victorias y un cuarto puesto en elos Juegos Olímpicos de Invierno (Turín, 2006). Marta Domínguez, de Palencia, es de las mejores del atletismo español. No tendrá el físico de sus rivales africanas, pero tiene un coraje y un sacrificio que le impulsan hasta lo más alto. Entre sus numerosos éxitos destacan tres medallas de oro entre los europeos de Viena, Munich y Gogteborg. Joane Somarriba, vizcaína,  es la mejor ciclista española de todos los tiempos. En su palmarés tiene, entre otros muchos premios nacionales, tres Tours de Francia (2000, 2001 y 2003), dos Giros de Italia (1999 y 2000) y un oro en el Campeonato del Mundo Contrarreloj (en Hamil´ton, Canadá, 2003).

Y como ellas, otras muchas mujeres son mejores que muchos hombres y aunque, por desgracia,  el deporte femenino esté de lo más infravalorado en el mundo del deporte español, pienso que algún día, con mujeres como ellas, el deporte femenino será como el masculino.

miércoles, 20 de octubre de 2010

3º B de ESO: VARIACIONES SOBRE UN RELATO DE JULIO CORTÁZAR


"Continuidad de los parques" es un magistral relato del escritor argentino Julio Cortázar. Pocos textos han sido más leídos, estudiados y diseccionados que este relato en que la lectura de una novela  se convierte en la muerte del personaje  lector cuando los personajes de la novela se escapan del libro. Si no conocéis este relato lo podéis leer en este enlace:




Los alumnos de 3ºB de ESO tuvieron que enfrentarse con este relato -como tarea obligatoria de clase, todo hay que decirlo- e imaginar posibles variaciones del mismo, sin perder de vista lo esencial: la mezcla de dos universos, el de la ficción que se presenta como tal y el de la ficción que se presenta como realidad. Aquí están algunas de sus obras. Todas tienen el mérito de haberse basado en el original de Cortázar sin copiarlo. No es poco.

RELATO DE JORGE LÓPEZ MORANTE


EL SECUESTRO

Seguía leyendo esa novela atentamente. Se encontraba en el capítulo nueve, titulado "Pobre Lucía".


Estaba sentado en un sillón negro. Eera un amplio salón con una gran estantería llena de libros y una gran mesa en medio. La ventana daba al parque cercano de su casa. Vivía en un bajo con su hija Lucía, que en ese momento estaba viendo las televisión en su habitación.


Estaba anocheciendo y reanudó la lectura.


Mark -que era el protagonista de la novela y el secuestrador- salió de su casa, dirigiéndose esa noche a la vivienda de su víctima para realizar un nuevo secuestro.


Se encontraba en el parque cercano a la vivienda de la chica. Se acercó a la casa, se asomó por una ventana y vio al padre sentado en un sillón negro leyendo una novela. Entonces se acercó a la ventana de la habitación de Lucía. Estaba abierta y Lucía se encontraba de espaldas a ella viendo la televisión.


Mark aprovechó esa distracción y se introdujo en la habitación de un salto. Cogío en sus brazos a Lucía y le tapó la boca. Al salir por la ventana la chica dio un chillido.


Al oír el chillido, el padre dejó la novela y salió corriendo hacia la habitación de su hija.


Cuando abrió la puerta de la habitación de Lucía la ventana estaba abierta, la televisión encendida y su hija...su hija no estaba.